Vivir cerca de un campo de golf tal vez se pague más caro de lo que creíamos. Un estudio reciente encontró que hay relación entre los campos de golf y el aumento de probabilidades de sufrir mal de Parkinson.
Científicos de la Clínica Mayo, junto a otros más, publicaron su trabajo este mes en JAMA Network Open. Encontraron que quienes vivían en proximidad a campos de golf tenían un riesgo más alto de sufrir mal de Parkinson en comparación con residentes de similares características que vivían más lejos. Los investigadores argumentan que probablemente la razón de esa relación sean los pesticidas que se usan para mantener los campos de golf, argumento que otros expertos están tomando en serio.
El mal de Parkinson es una afección neurodegenerativa que empeora progresivamente la función motora (en las etapas posteriores también suele afectar la función cognitiva). Se cree que hoy afecta a casi un millón de estadounidenses, y cada año se diagnostican 100.000 casos nuevos. La mayoría, se cree que tienen su causa en una mezcla compleja de factores genéticos y ambientales que podrían incluir la exposición a toxinas como los pesticidas. Hubo ya estudios en el pasado que sugerían que vivir en lugares cercanos a áreas donde se aplican regularmente los pesticidas tenía relación con el mayor riesgo de contraer mal de Parkinson. Pero según los investigadores de este estudio, no se ha hecho mucho por entender el riesgo potencial y específico de vivir cerca de campos de golf.
Seguimiento durante muchos años
Los autores utilizaron datos del Proyecto de Epidemiología Rochester que instituyó la Clínica Mayo y otros más en 1966. El proyecto hizo el seguimiento de la salud de los residentes de partes de Minnesota y Wisconsin durante muchos años, que incluían si se les había diagnosticado mal de Parkinson, o no. Compararon a las personas del proyecto con diagnóstico de Parkinson entre 1991 y 2015 con controles de la misma edad y el mismo sexo, que es lo que se conoce como estudio con casos de control.
Cuanto más cerca vivía la gente de alguno de los 139 campos de golf de las regiones que cubría el proyecto (o quienes compartían los servicios de agua con un campo de golf) mayores eran las probabilidades de que se les diagnosticara mal de Parkinson, según hallaron los científicos. Después de hallar explicación para otros factores, calcularon que vivir en el radio de 1,6 km a la redonda de un campo de golf se relacionaba con un aumento del 126% del riesgo de sufrir Parkinson, en comparación con quienes vivían a 9 km o más. Los residentes que compartían servicios de agua con un campo de golf también tenían el doble de probabilidades de tener Parkinson, comparados con quienes no compartían el servicio.
“Este es un estudio importante, bien diseñado y basado en población, que suma datos significativos a nuestra comprensión de los aportes ambientales al mal de Parkinson”, le dijo en un e-mail a Gizmodo Michael S. Okun, consejero médico nacional de la Fundación Parkinson.
Okun, que también es director del Instituto Fixel de Enfermedades Neurológicas de la Universidad de Florida, advierte que este estudio no puede demostrar un vínculo de causa entre la cercanía a un campo de golf y un riesgo aumentado de Parkinson. Ero semana que hay pesticidas comunes como el paraquat, el maneb y el clorpirifós que se sabe son tóxicos para el cerebro y hay estudios que vincularon su uso con el aumento de casos de mal de Parkinson. Como los campos de golf requieren de “un mantenimiento químico intensivo”, agrega, es biológicamente plausible que esas sustancias químicas contaminen la provisión local de agua o que lleguen a las personas en el área de alguna otra forma, aumentando el riesgo de sufrir mal de Parkinson.
Svjetlana Miocinovic, profesora adjunta del Departamento de Neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad Emory, no se sorprendió con los resultados del estudio aunque señala que no debe ser la última palabra sobre el tema.
“El estudio se hizo en una región geográfica, por lo que hay que replicar los resultados en otras áreas y con muestras más grandes, pero sí se señala la importancia de los factores ambientales en la enfermedad de Parkinson”, le dijo a Gizmodo en un e-mail Miocinovic, que no participó de este estudio.
Aunque hace falta seguir trabajando para comprender los riegos precisos que presentan los campos de golf y el uso de pesticidas relacionado con estos lugares, Okun argumenta que ya se sabe lo suficiente como para actuar, limitando la exposición de la gente a estas sustancias químicas dentro de lo posible.
“Este estudio es una llamada de alerta. El mal de Parkinson en el mundo es el trastorno neurodegenerativo de más rápido crecimiento y tenemos que invertir en la prevención. Aquí, vemos que hace falta dejar de ver al mal de Parkinson como consecuencia inevitable del envejecimiento y empezar a tratarlo como afección potencialmente prevenible”, dijo Okun.