Hulk Hogan, uno de los nombres más emblemáticos de la lucha libre profesional, ha fallecido a los 71 años por una insuficiencia cardíaca, según han informado medios estadounidenses. Detrás del personaje musculoso y carismático que marcó a generaciones enteras, se encontraba Terry Bollea, un hombre cuya vida estuvo repleta de luces y sombras, fama mundial, escándalos mediáticos y polémicas declaraciones.
Durante las décadas de los 80 y 90, Hogan no solo fue la cara visible de la World Wrestling Federation (WWF, hoy WWE), sino también una figura cultural que trascendió el cuadrilátero, convirtiéndose en un ídolo para millones de aficionados. Sin embargo, su carrera también estuvo marcada por controversias que incluyeron el uso de esteroides, pleitos judiciales y declaraciones controvertidas que acabaron empañando su imagen pública.
De ídolo nacional a símbolo de una era televisiva

Hogan comenzó su ascenso en el mundo del wrestling en 1979 y rápidamente se convirtió en el rostro más reconocible del espectáculo, tanto dentro como fuera del ring. Su personaje encarnaba el idealizado héroe estadounidense: musculoso, rubio, patriótico y siempre dispuesto a luchar contra los “villanos” de turno, como el legendario Iron Sheik o el imponente André the Giant.
Su combate contra este último en Wrestlemania III sigue siendo la transmisión de lucha libre más vista de todos los tiempos, con más de 33 millones de espectadores. También participó en la película Rocky III, consolidando su presencia en la cultura popular.
Hogan protagonizó durante años las historias más importantes de la WWF, llenando estadios y vendiendo millones en merchandising. Sin embargo, su carrera también reflejaba el espectáculo sobreactuado y guionizado que definía a la lucha libre de su época.
Escándalos, demandas y el lado oscuro de la fama
A medida que su popularidad crecía, también lo hacían los problemas. En 1993, Hogan confesó haber utilizado esteroides anabólicos, una práctica común pero ilegal en la lucha libre de entonces. Años más tarde, su imagen quedó aún más dañada tras la filtración de un vídeo sexual por parte del medio digital Gawker, que le llevó a demandarlos con éxito y provocar su cierre.
En 2015 fue expulsado temporalmente de la WWE tras la aparición de declaraciones racistas en una grabación privada. Aunque años después fue reincorporado, el escándalo dejó huella en su legado.
En el plano político, también despertó polémica por su ferviente apoyo al expresidente Donald Trump, llegando a participar activamente en eventos de campaña durante las elecciones de 2024.
El luchador que cambió de bando (literalmente)
Una de las etapas más inesperadas en su carrera fue su paso a la empresa rival WCW en 1993, donde rompió con su personaje tradicional y se transformó en “villano”, atacando incluso a sus antiguos empleadores. Esta versión oscura, conocida como «Hollywood Hogan», fue clave para revitalizar su figura y mantenerlo en el candelero durante la guerra televisiva entre WCW y WWF.
En paralelo, participó en el reality show Hogan Knows Best, donde el público podía seguir la vida familiar del luchador, aunque también esto terminó mal: divorcio, disputas legales y un nuevo deterioro de su imagen pública.
Su legado: un cuerpo castigado y una leyenda imborrable
En los últimos años, Hogan sufría numerosos problemas de salud derivados de sus años en el ring. Él mismo reconocía haber sido sometido a más de una decena de cirugías de espalda, además de reemplazos en rodillas y hombros.
A pesar del deterioro físico, siguió activo en redes sociales y eventos públicos, y nunca dejó de defender la lucha libre como forma de entretenimiento. Su fallecimiento ha generado una ola de homenajes de parte de aficionados, colegas y personalidades de todo el mundo del deporte y el espectáculo.
Más allá de las polémicas, Hulk Hogan fue una figura clave para convertir la lucha libre en un fenómeno global. Un personaje carismático que, con su «Hulkamanía», marcó un antes y un después en la historia del deporte espectáculo.
[Fuente: BBC]