Por partes iguales, en la naturaleza encontramos majestuosidad, terror, y escenas conmovedoras. Los ganadores de la competencia 2025 de BMC Ecology and Evolution, y BMC Zoology lo ilustran con todo.
Biólogos, zoólogos y paleontólogos del mundo entero enviaron sus fotos, que se clasificaron en cuatro categorías: “Conducta social colectiva”, “La vida en movimiento”, “Estrategias coloridas” e “Investigación en acción”. La ganadora (arriba) fue la foto de Andrey Giljov, donde vemos a dos antílopes saiga machos peleando mientras se preparan para la temporada de apareamiento.
“Las peleas de los saigas, fuera de la temporada de competencia, son más tranquilas y tienen que ver con quién mandará en el terreno. Pero los machos jamás desaprovechan la oportunidad de practicar”, dijo Giljov, zoólogo especialista en vertebrados y conferencista de la Universidad Estatal de San Petersburgo, Rusia, en el editorial que describe a los ganadores del concurso.
El salto de una ballena jorobada
La competencia anual de fotografía, ahora en su segunda edición, es un emprendimiento conjunto de las publicaciones BMC Ecology and Evolution y BMC Zoology, sucesora de las competencias que realizaban por separado. Los jueces son los editores y miembros principales de la junta editorial. Los ganadores del primer y segundo premio muestran algunas de las criaturas más grandes y más pequeñas de la Tierra.
Por ejemplo, la increíble foto de Alwin Hardenbol de una ballena jorobada, captada desde un bote inflable rígido en Varanger, Noruega.

“Desde la perspectiva científica se trata de una conducta fascinante ya que no hay acuerdo sobre su propósito”, afirmó Hardenbol, investigador del Instituto Finlandés de Recursos Naturales, que compitió en la categoría “La vida en movimiento”. “Es increíble imaginar cómo un animal como ese puede saltar sobre el agua de esa manera”.
Insectos recién nacidos

Sritam Kumar Sethy, que estudia en la Universidad Berhampur de India, ganó en la categoría Conducta Social Colectiva por su foto de ninfas recién nacidas de Acanthocoris scaber (insecto de la hoja), reunidas en el dorso de una hoja como forma de supervivencia ya que la fuerza está en la unión. “Al estar juntas refuerzan su protección contra los depredadores y reducen las probabilidades de que cada individuo se convierta en presa”, dijo Sethy.
Depredadores en acción

Entre las fotos se cuenta la de Delip K. Das, que muestra a un Haliastur indus (ave de presa de tamaño mediano) esforzándose por conseguir su alimento, ejemplo de la interminable lucha por los recursos. “Acaba de atrapar una anguila, grande y viva. Lucha por volar sin que se le caiga, pero aparece un rival que intenta robarle su comida. El dramático momento fue sobre aguas flanqueadas por manglares, y refleja la intensidad y agilidad de las aves de presa en su hábitat”, dijo Das, que no ganó el concurso pero mereció menciones y elogios.
Ilustraciones prehistóricas

Algunas imágenes no representan el mundo natural actual sino su pasado lejano. La artista digital Natalia Jagielsk ganó en la categoría Vida en Movimiento por su ilustración de pterosaurios volando sobre la Cuenca Hebrideña en el Jurásico, que cubría lo que hoy es Escocia. Jagielsk, del postdoctorado de la Universidad China de Hong Kong, basó su trabajo en el reciente descubrimiento de dos esqueletos de pterosaurio de diferentes especies, encontrados en la región. “A pesar de las diferencias en la anatomía del cráneo, la morfología de los dientes y la forma de las alas estos pterosaurios podían interactuar y competir por el alimento durante períodos de estrés ambiental”, dijo Jagielsk, que formó parte de un equipo que describió a una de estas especies, Dearc sgiathanach. “Ambientada hace 170 millones de años en el Jurásico Medio, la imagen representa a estos reptiles voladores cazando a lo largo de la costa”.
El instinto materno de los insectos

Mi favorita tal vez te parezca conmovedora, asquerosa, o ambas cosas dependiendo de tu tolerancia a los insectos y la regurgitación. Nick Royle, en la categoría Conducta Social y Colectiva, tomó la foto de una madre de Nicrophorus vespilloides (una especie de escarabajo enterrador) alimentando a sus crías, lo que significa regurgitar los restos de un ratón muerto enterrado. Además de esta singular estrategia para alimentar a sus crías los escarabajos enterradores se cuentan entre los pocos insectos que comparten la crianza en pareja.
“Es una conducta que suele darse bajo tierra, por lo que no nos resulta visible por lo general. Pero aquí se captó la imagen en el laboratorio donde estos escarabajos enterradores se usaron como modelo para entender la evolución de conductas sociales como el cuidado parental”, dijo Royle, ecologista conductual y biólogo conservacionista de la Universidad de Exeter en Reino Unido. “Estos escarabajos trabajan juntos para enterar carcazas y evitar así la competencia de otros carroñeros. Ya enterrada la carcaza, la procesan quitando los pelos, enrollándola en forma de bola, y untándola con secreciones antimicrobianas que combaten las bacterias y hongos que de otro modo consumirían su precioso alimento”.
Por cierto, después de esto apreciaré mucho más la comida casera de la casa de mis padres.
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