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Ciencia

Hace 6.800 años, cientos de personas vivían en un poblado con casas casi iguales y un foso de 11 metros. Los arqueólogos creen que la desigualdad era sorprendentemente baja

Opovo parecía una pequeña aldea neolítica de Serbia. Un nuevo estudio revela hasta 220 casas, enormes fosos y cientos de habitantes, pero muy pocas señales de que una élite acumulara la riqueza.
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Durante cuatro décadas, Opovo fue considerado poco más que una pequeña aldea agrícola del Neolítico. Las excavaciones realizadas durante los años 80 habían descubierto seis viviendas y llevaron a calcular que allí vivían unas 200 personas repartidas por unas cinco hectáreas.

El problema era que los arqueólogos solo habían excavado 320 metros cuadrados.

Ahora, un equipo germano-serbio ha regresado al yacimiento de Opovo Ugar-Bajbuk, en la actual Serbia, utilizando magnetometría, sondeos geoarqueológicos, nuevas dataciones y excavaciones selectivas. El resultado cambia por completo la imagen del lugar: el asentamiento tenía más de nueve hectáreas, contenía hasta 220 estructuras domésticas y pudo superar los 700 habitantes en su momento de mayor ocupación. Y hay otro detalle todavía más llamativo. A pesar de su tamaño y de las enormes obras que sus habitantes fueron capaces de construir, los investigadores encuentran muy pocas señales de una sociedad fuertemente estratificada.

Había hasta 220 casas y ninguna mansión sobresalía del resto

Hace 6.800 años, cientos de personas vivían en un poblado con casas casi iguales y un foso de 11 metros. Los arqueólogos creen que la desigualdad era sorprendentemente baja
© Fynn Wilkes.

Opovo perteneció a la cultura Vinča y su principal fase de ocupación se sitúa aproximadamente entre 4850 y 4725 a.C.. La clave para reconstruirlo fue recorrer el terreno con magnetómetros capaces de detectar alteraciones invisibles bajo la superficie. Las viviendas incendiadas hace miles de años dejaron señales magnéticas especialmente intensas. Así aparecieron entre 180 y 220 posibles casas, muchas más de las que sugerían las antiguas excavaciones.

El tamaño de esas viviendas también permitió estudiar algo bastante más difícil de encontrar en el registro arqueológico: la desigualdad material. No todas las casas eran idénticas, pero sus dimensiones no muestran enormes diferencias. Según Martin Furholt, coautor del estudio de la Universidad de Kiel, probablemente existieron diferencias económicas entre familias, aunque no parecen haber desembocado en una estratificación social significativa.

Es una conclusión importante porque una población más grande no implica necesariamente que aparezcan automáticamente élites, grandes viviendas o una jerarquía rígida.

Después está el foso: 11 metros de ancho

Hace 6.800 años, cientos de personas vivían en un poblado con casas casi iguales y un foso de 11 metros. Los arqueólogos creen que la desigualdad era sorprendentemente baja
© Fynn Wilkes.

La organización de Opovo se aprecia todavía mejor alrededor de sus casas. Las prospecciones identificaron hasta cinco fosos que delimitaban diferentes partes del asentamiento. Uno de los excavados alcanzaba unos 11 metros de ancho y 4,5 metros de profundidad. Construir semejante infraestructura con herramientas neolíticas habría requerido coordinar durante mucho tiempo a un número considerable de personas.

Podría parecer la huella de una autoridad poderosa ordenando trabajar a la comunidad. Sin embargo, los investigadores señalan que no han encontrado evidencias claras de coerción o de una élite que controlara semejantes proyectos. La interpretación que consideran posible es bastante distinta: los fosos pudieron ser grandes trabajos cooperativos realizados por la propia comunidad.

Todavía tampoco se sabe exactamente para qué servían. Podrían haber funcionado como defensa, como límites simbólicos o incluso tener relación con las inundaciones de un paisaje rodeado antiguamente por meandros y zonas húmedas.

Una ciudad bastante más complicada de lo que parecía

Hace 6.800 años, cientos de personas vivían en un poblado con casas casi iguales y un foso de 11 metros. Los arqueólogos creen que la desigualdad era sorprendentemente baja
© Melissa Villumsen.

El nuevo mapa muestra además una comunidad planificada. Todas las viviendas aparecen dentro del recinto y existen espacios centrales sin construcciones que podrían haber funcionado como zonas comunes.

Opovo tampoco estaba aislado. Los pueblos de la cultura Vinča mantuvieron amplias redes de intercambio y desarrollaron una producción sofisticada de cerámica y herramientas. Las investigaciones anteriores en el propio yacimiento habían encontrado materiales procedentes de lugares situados a cientos de kilómetros. Eso hace todavía más interesante la aparente ausencia de una élite claramente diferenciada.

Los autores son prudentes: el tamaño de una vivienda no permite reconstruir por sí solo toda una sociedad y puede haber formas de poder o prestigio que simplemente no dejen huellas fáciles de medir. Tampoco saben todavía por qué Opovo terminó abandonándose. Pero el cambio respecto a la imagen de hace 40 años es enorme. Lo que parecía una aldea de unas 200 personas resulta ser un asentamiento complejo capaz de movilizar a cientos de habitantes, excavar fosos monumentales y mantener redes comerciales extensas. Y, pese a todo eso, sus casas sugieren que tener una comunidad grande no significaba necesariamente tener unos pocos muy ricos viviendo por encima de todos los demás.

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