El Departamento de Defensa de Estados Unidos difundió imágenes del USS Iwo Jima, el buque insignia del Grupo Anfibio de Despliegue Inmediato que navega hacia aguas del Caribe. Junto a él viajan el USS San Antonio y el USS Fort Lauderdale, con unos 4.500 efectivos a bordo, entre ellos 2.200 marines de la Unidad Expedicionaria número 22.
La flota partió del puerto de Norfolk, en Virginia, tras un retraso forzado por el huracán Erin. Su misión, aunque oficialmente descrita como una operación contra el narcotráfico, se produce en un contexto marcado por la tensión con Caracas.
Washington apunta a los cárteles

La orden que dio pie a este despliegue proviene directamente del presidente Donald Trump, quien firmó un decreto que permite al Pentágono emplear recursos militares contra organizaciones criminales latinoamericanas consideradas “terroristas”. Entre ellas figura el Tren de Aragua y el denominado Cártel de los Soles, al que el mandatario norteamericano vincula directamente con Nicolás Maduro.
En paralelo, tres destructores —el USS Sampson, el USS Gravely y el USS Jason Dunham— se aproximan a la región desde Curazao. Equipados con el sistema de combate Aegis y más de 90 misiles cada uno, representan un refuerzo naval de gran poderío.
Aviones de vigilancia y submarinos nucleares
El refuerzo estadounidense no se limita a la superficie. El Pentágono confirmó el despliegue de aviones de reconocimiento P-8 Poseidón, diseñados para vigilancia y guerra antisubmarina, así como de un submarino nuclear en el Caribe. Este último movimiento fue calificado por Caracas como una “grave amenaza a la paz regional” y un acto de intimidación.
A ello se sumará en los próximos días el USS Lake Erie, un crucero de misiles guiados, y el USS Newport News, un submarino nuclear de ataque rápido. Ambos se incorporarán a la operación a inicios de la próxima semana, consolidando una presencia militar que eleva aún más la tensión geopolítica en la zona.
Caracas contraataca con drones y reservistas
La respuesta de Venezuela no tardó en llegar. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, anunció el despliegue de drones militares y patrullas navales en el golfo de Venezuela y el lago de Maracaibo. También aseguró que 15.000 efectivos fueron enviados a la frontera con Colombia para operaciones “antidrogas”.
El presidente Maduro, por su parte, convocó una jornada de alistamiento en Caracas y subrayó que el país cuenta con 4,5 millones de reservistas listos para responder a cualquier “amenaza extranjera”. No obstante, expertos militares ponen en duda la capacidad real de movilización de esa cifra.
El gobierno de Maduro denunció que la presencia de submarinos y destructores estadounidenses es una violación de la soberanía venezolana y pidió garantías internacionales contra el uso de armas nucleares. Al mismo tiempo, Washington insiste en que se trata de un despliegue para combatir a los cárteles que operan en la región y para proteger la seguridad de sus aliados caribeños.
El primer ministro de Curazao, Gilmar Pisas, confirmó la llegada inminente de la flota norteamericana y defendió la cooperación con Estados Unidos. En paralelo, la isla se convierte en un punto estratégico para el posicionamiento de los navíos frente a las costas venezolanas.
Con cada movimiento, el Caribe se transforma en un escenario de pulseo militar y diplomático. Mientras Estados Unidos multiplica su presencia armada, Venezuela responde con gestos de resistencia y retórica de confrontación, en un capítulo más de la larga disputa entre Washington y Caracas.
[Fuente: La Nación]