Durante años, Japón ha luchado contra una crisis demográfica que parecía difícil de revertir. Sin embargo, los últimos datos oficiales muestran que la situación es aún más grave de lo imaginado: el país ha sufrido la mayor caída de población desde 1968. Ni las ayudas a la natalidad ni los programas sociales han frenado la tendencia, y la única nota positiva llega de la mano de la inmigración.
Un desplome histórico y sostenido
Entre enero de 2024 y enero de 2025, Japón perdió 908.574 habitantes, situando su población en 120,65 millones de ciudadanos, muy por debajo de los 126,6 millones alcanzados en 2009. Es el 16º año consecutivo de descenso, y el mayor desde que existen registros. El número de nacimientos cayó a 687.689, mientras que los fallecimientos se acercaron a los 1,6 millones, marcando un máximo histórico.
La caída afecta directamente a la economía: solo el 59% de la población está en edad laboral, un dato inferior al promedio mundial del 65%, lo que incrementa la presión sobre un mercado laboral cada vez más reducido.

El “problema 2025” y el envejecimiento acelerado
En 2025, la generación del Baby Boom japonés superará los 75 años, lo que disparará la demanda de cuidados y reducirá aún más la fuerza laboral. Un informe del IPEI advierte que el gasto en atención social podría aumentar un 60% entre 2025 y 2040, comprometiendo seriamente las finanzas públicas.
Este envejecimiento masivo plantea retos urgentes: más personal para el cuidado de mayores, infraestructuras adaptadas y políticas fiscales capaces de sostener un sistema de pensiones que ya está bajo presión.
Medidas insuficientes para incentivar la natalidad
El gobierno ha invertido miles de millones en ayudas a la crianza, permisos de paternidad y programas para facilitar que los jóvenes formen pareja. Sin embargo, expertos señalan que el problema va más allá del dinero: altos costes de vida, viviendas reducidas, jornadas laborales extenuantes y cambios culturales que restan prioridad a la maternidad dificultan cualquier recuperación.

Países como Corea del Sur o China han impulsado medidas similares con resultados igualmente limitados.
Inmigración récord: alivio y desafío
El único indicador positivo es el crecimiento de residentes extranjeros, que alcanzó los 3,68 millones en 2024, un aumento del 10,65%. Representan ya casi el 3% de la población total, y el 85,77% está en edad laboral.
Este flujo aporta mano de obra y dinamiza la economía, pero también despierta tensiones políticas, como demuestra el ascenso del partido ultraderechista Sanseito y su discurso nacionalista. El reto para Japón será aprovechar esta fuerza laboral sin fracturar su cohesión social.
Fuente: Xataka.