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Kevin Costner ignoró a Steven Spielberg… y el cine se lo hizo pagar caro

A veces, en Hollywood, desoír un consejo puede costar millones. Y si quien te advierte es Steven Spielberg, el precio puede ser aún más alto. Kevin Costner lo aprendió hace ahora tres décadas, cuando una decisión aparentemente épica terminó convirtiéndose en uno de los mayores fracasos de los años noventa.

En aquel momento, Costner era una superestrella absoluta. Venía de revolucionar el wéstern con Bailando con lobos (1990), una película que no solo arrasó en taquilla, sino que le dio los Oscar a Mejor película y Mejor director. Su nombre garantizaba prestigio, ambición y libertad creativa. Quizá demasiada.

El aviso que nadie quiso escuchar

En 1995 llegó Waterworld, una superproducción de ciencia ficción ambientada en un futuro distópico donde el deshielo había sumergido casi toda la Tierra. Costner interpretaba a Mariner, un ser mutante mitad humano, mitad pez, que ayudaba a una niña y a su protectora a encontrar tierra firme.

La premisa era potente, pero el rodaje se convirtió en una pesadilla. Antes de que empezara, Spielberg ya había levantado la mano. Él sabía bien de lo que hablaba: había sufrido en carne propia el infierno de rodar en mar abierto con Tiburón. Su consejo fue claro y directo: no grabar en el océano, limitar las escenas acuáticas y recrear el resto en tanques o platós.

Kevin Costner ignoró a Steven Spielberg… y el cine se lo hizo pagar caro
© brinkroll – X

Según el guionista Peter Rader, la recomendación fue explícita: “Haz toda la cobertura en un tanque o en un escenario”. Pero el aviso cayó en saco roto.

El mar no perdona

El equipo se trasladó a Hawái y la naturaleza hizo el resto. Huracanes, cambios bruscos de clima, plataformas flotantes inestables y un rodaje técnicamente infernal. Lo que iba a durar 96 días se alargó hasta los 150. El presupuesto inicial de 100 millones de dólares se disparó hasta los 150, convirtiendo Waterworld en la película más cara jamás realizada hasta ese momento.

Cada jornada en el océano multiplicaba los problemas. Cada retraso aumentaba la presión. Y cada dólar invertido elevaba el listón de la taquilla necesaria para no hundirse.

Un fracaso imposible de disimular

Cuando la película llegó a los cines, el público no respondió como se esperaba. A pesar de recaudar 264 millones de dólares en todo el mundo, la cifra fue insuficiente para compensar el descomunal gasto. Waterworld pasó a la historia como un fracaso sonado y un ejemplo perfecto de cómo la ambición técnica puede volverse en contra de una producción.

Con el tiempo, la película ha sido parcialmente reivindicada, pero la lección quedó grabada a fuego: el océano no se doma, y Spielberg tenía razón.

Hoy, mientras Costner alterna éxitos como Yellowstone con tropiezos recientes como Horizon: An American Saga, aquel episodio sigue recordándose como el momento en que ignorar a uno de los grandes maestros del cine salió extraordinariamente caro. Porque en Hollywood, a veces, el verdadero villano no está en el guion, sino en el agua.

Fuente: SensaCine.

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