Durante años, Kristen Stewart ha construido una carrera marcada por la independencia y el riesgo creativo. Ahora, tras dar el salto definitivo a la dirección, la actriz admite que su futuro podría estar lejos de su país natal. El motivo no es artístico, sino político: el contexto actual en Estados Unidos, asegura, limita su libertad para hacer cine.
Un debut detrás de la cámara con vocación incómoda
Con La cronología del agua, Kristen Stewart ha debutado como directora adaptando las memorias de Lidia Yuknavitch. Protagonizada por Imogen Poots, la película se aleja deliberadamente de los códigos dominantes del cine comercial estadounidense y apuesta por una narrativa cruda, fragmentada y profundamente personal.
Stewart ha dejado claro que su intención es seguir dirigiendo, pero no necesariamente en su país. En una entrevista concedida a The Times of London, la cineasta fue directa cuando le preguntaron si se veía permaneciendo en Norteamérica: “Probablemente no. Allí no puedo trabajar libremente”.

Europa como refugio creativo
La actriz, nacida en California y residente entre Los Ángeles y Nueva York, explicó que su plan pasa por rodar en Europa y regresar después con sus películas. “Me gustaría hacerlas aquí y luego hacérselas tragar a los americanos”, afirmó sin rodeos.
Para Stewart, el segundo mandato de Donald Trump ha acelerado una sensación de ruptura con la realidad. “Todo se está rompiendo por completo”, señaló, aunque también defendió la necesidad de aprender del momento histórico y “crear la realidad en la que queremos vivir”.
Rodar fuera de EE. UU. por necesidad, no por capricho
La directora explicó que La cronología del agua se rodó en Letonia porque habría sido “imposible” hacerlo en Estados Unidos. Sus declaraciones llegan en un contexto especialmente tenso para la industria, después de que Trump amenazara con imponer aranceles a las producciones rodadas fuera del país, una idea que Stewart calificó de “terrorífica” para el cine independiente.
Lejos de ser una postura aislada, su decisión conecta con un malestar creciente entre creadores que consideran que el marco político y económico estadounidense penaliza las propuestas que se salen de la norma.

Un éxodo cultural en marcha
Stewart no es la única figura pública que ha decidido alejarse de Estados Unidos tras la victoria electoral de Trump. Personalidades como Ellen DeGeneres, Rosie O’Donnell o James Cameron han expresado públicamente su rechazo al rumbo político del país.
Cameron, que reside en Nueva Zelanda desde hace más de una década, declaró en 2025 que Estados Unidos “se convierte en una idea vacía si no defiende lo que históricamente ha representado”. O’Donnell, por su parte, aseguró que solo considerará regresar cuando sea “seguro para todos los ciudadanos tener los mismos derechos”.
Cine contra la comodidad
Más allá del debate político, La cronología del agua se ha presentado como una rara avis en el panorama actual: una película que incomoda tanto por lo que cuenta como por cómo lo hace. En un momento dominado por lo que Stewart ha descrito como la “fórmula Netflix”, su ópera prima apuesta por el riesgo formal y emocional.
Quizá por eso su futuro como directora no encaja en un sistema que premia la homogeneidad. Para Kristen Stewart, abandonar Estados Unidos no es una huida, sino una forma de proteger su libertad creativa. Y, si todo sale según lo previsto, volverá con películas que no pidan permiso.
Fuente: SensaCine.