Saltar al contenido
Ciencia

La ciencia confirma que el favoritismo parental existe y puede influir toda la vida

Durante años fue un tema incómodo, casi tabú. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que la percepción de favoritismo entre hermanos no solo existe, sino que deja huellas profundas. Sus efectos pueden extenderse durante décadas, influyendo en la salud emocional, los vínculos familiares y la forma en que cada persona se relaciona con el mundo adulto.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

La idea de que todos los hijos son queridos por igual convive con una sospecha silenciosa que atraviesa generaciones. Muchos recuerdan gestos, comparaciones o distancias que nunca se dijeron en voz alta. Hoy, la ciencia comienza a poner palabras y datos a esa experiencia íntima, revelando cómo ciertos vínculos parentales se forman, se mantienen y condicionan el bienestar a lo largo de la vida.

¿Existe realmente un hijo preferido?

La pregunta aparece en casi todas las familias, aunque pocas veces se formula abiertamente. Según diversos estudios sociológicos y psicológicos, la respuesta es menos cómoda de lo que se suele admitir: en muchos hogares, sí existe un hijo al que los padres sienten más cercano.

Las investigaciones indican que esta preferencia no siempre es consciente ni deliberada. Sin embargo, su impacto es real. La percepción de ser el hijo predilecto (o, por el contrario, de quedar relegado) influye de forma significativa en la autoestima, la estabilidad emocional y la calidad de las relaciones familiares, incluso más que factores como el nivel educativo o los ingresos.

Un estudio que siguió familias durante décadas

Gran parte de estos hallazgos provienen de una extensa investigación liderada por J. Jill Suitor, profesora de sociología en Purdue University. Desde 2001, su equipo analiza a más de 550 familias multigeneracionales para comprender cómo se construyen las afinidades entre padres e hijos.

En lugar de preguntar directamente por favoritismos, el estudio explora dimensiones emocionales y prácticas: con quién se sienten más cercanos los padres, a quién confiarían un problema grave o quién les genera mayor orgullo. A partir de estas respuestas, los investigadores detectaron patrones claros: cerca de dos tercios de los padres mostraban preferencia por uno de sus hijos, y esa inclinación tendía a mantenerse estable a lo largo de los años.

El impacto en la vida adulta

Las consecuencias de estas dinámicas no se limitan a la infancia. Según Suitor, la calidad de la relación con los padres es uno de los predictores más fuertes del bienestar psicológico en la adultez, incluso por encima de variables como el estado civil o la situación laboral.

Las personas que se perciben desfavorecidas suelen presentar mayores niveles de ansiedad y depresión, vínculos familiares más tensos y, en algunos casos, conductas de riesgo durante la adolescencia. A largo plazo, el distanciamiento con los progenitores también se asocia a peores resultados económicos y emocionales.

Quiénes suelen ser los favoritos

Los estudios no identifican una fórmula infalible para convertirse en el hijo preferido, pero sí ciertas tendencias. Las hijas y los hijos menores aparecen con mayor frecuencia en ese lugar. Un análisis publicado por la American Psychological Association sugiere que, durante la infancia, las niñas reciben con más probabilidad un trato preferencial.

El investigador Alex Jensen, de la Brigham Young University, señala que los padres tienden a favorecer a hijos con rasgos más afables y responsables, en parte porque resultan más fáciles de criar. Desde edades tempranas, los niños comparan el trato que reciben y construyen su identidad en función de esas diferencias.

Diseño Sin Título 2026 01 23t153603.784
©Elina Fairytale – Pexels

El rol clave de los valores compartidos

Uno de los hallazgos más reveladores es que el favoritismo no se explica tanto por el éxito o los logros, sino por la similitud de valores entre padres e hijos. Compartir creencias políticas, religiosas o visiones del mundo fortalece el vínculo, incluso en situaciones difíciles.

Suitor destaca que esta afinidad puede mantenerse aun cuando un hijo atraviesa circunstancias complejas, como problemas legales o adicciones, siempre que los padres perciban esfuerzo, arrepentimiento o una base de valores común. La coincidencia de principios actúa como un puente emocional más fuerte que cualquier otro factor.

Cuando los valores separan

Las diferencias profundas de creencias pueden erosionar la relación filial. Cambios en posturas políticas o religiosas suelen generar distancias difíciles de salvar, especialmente cuando ambas partes sienten que su identidad está en juego.

Para la investigadora, la clave no está en negar las diferencias, sino en reforzar los puntos en común. Enfocarse en valores compartidos puede ayudar a sostener el vínculo y reducir el conflicto, incluso cuando las posturas son opuestas.

Hermanos, tiempo y nuevas formas de contacto

Con el paso de los años, el peso de la opinión paterna suele crecer y la relación entre hermanos adquiere un rol más central. Lejos de diluirse, las dinámicas de favoritismo pueden persistir en la vejez, influyendo en cómo se organizan los cuidados y el apoyo familiar.

En este contexto, la comunicación cotidiana cobra un valor especial. Suitor subraya la importancia de mantener el contacto, incluso a través de medios digitales simples. Un mensaje, una foto o una breve llamada pueden reforzar la conexión emocional y reducir la sensación de distancia.

Una verdad incómoda, pero reveladora

La ciencia no plantea estas conclusiones para señalar culpables, sino para comprender mejor cómo funcionan los vínculos familiares. Reconocer que el favoritismo existe permite abordar sus efectos con mayor conciencia y cuidado.

Lejos de ser un tema del pasado, estas dinámicas siguen moldeando la vida emocional en el presente. Entenderlas es el primer paso para construir relaciones más sanas, tanto dentro como fuera de la familia.

 

[Fuente: Infobae]

Compartir esta historia

Artículos relacionados