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Ciencia

La ciencia identifica un nuevo problema en el pensamiento humano

Lo llaman “aversión al retroceso” y destaca otra razón por la que nos plantamos en la negativa a cambiar
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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¡Buenas noticias para todos! Los científicos de la Universidad de California, Berkeley acuñaron un nuevo término que describe lo tontos que somos. En un estudio reciente, brindan evidencia del tipo de sesgo cognitivo común a todos: la reticencia a tomar el camino más fácil, si significa un retroceso.

La “aversión al retroceso” fue un hallazgo que resultó de varios experimentos. Hallaron que a menudo nos negamos a elegir una solución o camino más eficiente si significa que tenemos que volver sobre nuestros pasos aunque hayamos avanzado en algo. El hallazgo sugiere que contribuye a este sesgo nuestro miedo subjetivo a sumar más esfuerzo, además de la duda ante el borrón y cuenta nueva.

“La aversión de los participantes a sentir que sus esfuerzos no valieron les alentaba a seguir por caminos menos eficientes”, escribieron los investigadores en el trabajo que se publicó en mayo en Psychological Science.

Los psicólogos han descrito todo tipo de sesgos en cuanto a nuestra obstinación cuando nos enfrentamos con información nueva que es importante. Por lo general, insistimos en lo conocido, aunque sea para elegir la cena en un restaurante favorito, incluso si alguien nos recomienda una opción que podría ser más deliciosa. También entra en juego la falacia del costo, la reticencia a desviarnos de un sendero desastroso para elegir otro, sencillamente porque ya invertimos tanto tiempo o recursos en seguir por ese camino. Los investigadores argumentan que este sesgo que acaban de nombrar, es por cierto primo cercano de la falacia del costo perdido y otros sesgos similares, pero que en última instancia no hace más que describir un tipo singular de fallo cognitivo. 

¡Vas por el camino equivocado!

En su trabajo presentan el ejemplo de alguien cuyo vuelo de San Francisco a Nueva York sufre demoras antes de partir, por lo que quedan varados en Los Ángeles. En una de las situaciones el viajero puede llegar tres horas antes si acepta el ofrecimiento de la aerolínea de un vuelo que hace escala en Denver. Ene l segundo ejemplo se le ofrece un vuelo al pasajero que también le ahorrará tres horas, pero solo si primero viaja de regreso a San Francisco.

Aunque ambos vuelos ahorran la misma cantidad de tiempo, es más probable que la gente se niegue al que le hace regresar a su destino anterior, según explica el trabajo (también hay algunos que se negarán al vuelo de Denver, pero señalan que eso sería un ejemplo del sesgo del status quo y/o de la falacia del costo perdido).

De la hipótesis a la práctica

Para probar su hipótesis los investigadores llevaron a cabo cuatro experimentos, que en conjunto incluían a más de 2.500 adultos, algunos de ellos cuales eran estudiantes de UC Berkeley y otros, voluntarios reclutados a través de Mechanical Turk de Amazon. En uno, se le pidió a la gente que caminara por diferentes senderos de realidad virtual; en otro se pedía que recitaran tantas palabras con la misma letra inicial como pudieran. En las diferentes pruebas, los investigadores descubrieron que en general los participantes mostraban esta aversión. 

En un experimento en que se pedía que recitaran palabras que comenzaran con “G”, por ejemplo, a mitad del experimento se les preguntó si querían seguir con la misma letra o preferían cambiar a palabras que comenzaran con “T” (más fácil). En la condición de control, la decisión general fue la de permanecer en la misma tarea pero con una nueva letra. Pero en la otra condición se les preguntó si querían descartar lo que habían hecho hasta entonces y empezar de nuevo.

También se les habían dado líneas de progreso que les permitían ver que podían realizar el mismo trabajo con cualquiera de las letras (aunque con la “T” sería más fácil). Casi el 75% prefirió el cambio en la condición de control, pero solo el 25% lo hizo cuando el cambio implicaba retroceder.

Hacia atrás, mal visto

“Cuando analicé los resultados pensé que había un error. ¿Cómo era posible tanta diferencia?” dijo la autora principal del estudio Kristine Cho, estudiante del doctorado de marketing conductual de la Facultad de Negocios Haas de UC Berkeley en declaraciones a Association for Psychological Science, quien publicó el trabajo.

Por supuesto, harán falta más investigaciones para confirmar estos resultados. Sigue habiendo muchas preguntas sobre esta aversión, como cuán a menudo caemos en ella, y si es más probable en determinadas situaciones. Por ahora, solo nos consuela saber que hay algo a lo que podemos culpar cuando nos obstinamos en insistir en algo que no resulta la solución más rápida y efectiva.

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