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Ciencia

La ciencia podría renovar el cableado de tu pasado para corregir tu presente

El libro del neurocientífico Steve Ramirez profundiza en la manipulación de la memoria, que se explora como tratamiento para la depresión y otras afecciones
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 8 minutos

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Los recuerdos son el lenguaje que usamos para relatar la historia de nuestras vidas. Y ese lenguaje cambia.

En las últimas décadas la ciencia demostró que la memoria, los recuerdos, son maleables. No es que recordemos el pasado al recordar algo. Más bien, recordamos cómo vivimos el pasado. Cada vez que exploramos los rincones de nuestra mente, los detalles de nuestros recuerdos pueden modificarse levemente por diversas razones, que incluyen a nuestro estado emocional.

Por lo general el sistema funciona perfectamente pero a veces podemos recordar algo que no sucedió, ya sea naturalmente o por inducción, y ese fenómeno ocasionalmente alimenta  pánicos morales y convicciones erradas.

Aunque suene aterrador, hay neurocientíficos que empezaron a explorar las implicancias positivas de estos cambios en los recuerdos. Porque si es posible inducir un recuerdo falso y traumático, por ejemplo, también se podría hacer lo mismo con un recuerdo feliz. O tal vez podríamos borrar los recuerdos traumáticos que contribuyen a la depresión, y quizá al menos menguar el costo emocional de esos recuerdos. Hay personas que podrían beneficiarse de intervenciones que les faciliten recordar cosas felices en momentos turbulentos.

Steve Ramirez era estudiante del doctorado en 2012, y con sus colegas del MIT trabajaron investigando lo que podría llamarse el motor que impulsó el campo de la manipulación de la memoria, demostrando que es posible implantar un falso recuerdo en los cerebros de los ratones de laboratorio.

En su próximo libro, How to Change a Memory: One Neuroscientist’s Quest to Alter the Past [Cómo cambiar un recuerdo: la gesta de un neurocientífico para alterar el pasado*] Ramirez detalla las primeras investigaciones en neurociencia que hicieron posibles sus experimentos, los obstáculos que su equipo encontró, y el futuro potencialmente ampliado para este campo. El libro no es solo un resumen de la investigación de la memoria sino el relato de un viaje personal, el de Ramírez y su investigación. En el corazón de ese recorrido están los recuerdos de su mentor, compañero de investigaciones y amigo Xu Liu, que murió inesperadamente a los 37 años poco después de que hubiera terminado su colaboración profesional en el MIT.

La entrevista con Steve Ramírez

Gizmodo se puso en contacto con Ramírez para hablar de los orígenes de su libro, de la ética de la manipulación de la memoria y del motivo por el cual el aprendizaje de los vericuetos de los recuerdos le convirtió en optimista.

Ed Cara, Gizmodo: El libro tiene partes iguales de ciencia y memorias propias. ¿Fue tu intención que así fuera, o  surgió la idea mientras lo escribías?

Steve Ramirez: La respuesta tiene dos partes. Siempre supe que quería escribir un libro. Era un sueño mío desde que exploraba lugares como Barnes and Noble y me perdía en esa aventura. He pensado siempre que sería maravilloso producir algo que alguna vez estuviera en esos lugares. No tenía idea de qué podría escribir, pero sabía que era una meta. También consumí muchos libros de no ficción, de gente como Oliver Sacks, Steven Pinker, Mary Roach. Me gustaba su estilo.

Pero tengo que admitir que esos libros me dejaban una sensación de no conocer el elemento humano que tenía que ver con la producción de los grandiosos descubrimientos. Así que cuando empezara a escribir el libro, lo único que podía hacer era volcar lo que había vivido en persona. Porque soy científico, pero también soy persona.

En genera,l el mundo tiende a ver los resultados de tu trabajo, tus descubrimientos o publicaciones. Pero el elemento humano era algo que yo percibía como un faltante, por lo que quise que el libro tuviera esa voz para que fuera lo más auténtico posible. Sí, admito que fue lo más difícil porque requería que pudiese expresar en palabras las ideas más complejas y narrar una historia. Aunque también fue la parte más satisfactoria porque creo que adquirí un nuevo lenguaje para expresar ideas y sentimientos en cuanto a la ciencia, a mi amistad con Xu y nuestros descubrimientos.

Mi intención fue que el lector tuviera una visión de 360° sobre lo que significa ser una persona que hace ciencia. Quería escribir ese libro que cuando era chico yo sentía que faltaba en las estanterías.

G: ¿Cómo resumirías la ciencia de la manipulación de la memoria? ¿Hasta dónde han llegado las cosas desde que tú y Liu estudiaron todo esto hace más de una década?

R: Para ser sinceros, es algo que cambia tu mente y hacia el final del libro cuento que lo que empezó como un trabajo y un póster con Xu se convirtió en mucho, mucho más. El año pasado tuvimos una reunión en Irlanda, con cientos de investigadores y decenas de pósteres. Fue una reunión dedicada a este tema, que hace una década o poco más ni siquiera existía. Los conceptos y técnicas han ampliado este campo.

Suele sentirse como electrizante porque es como un mini-renacimiento en la investigación de la memoria, algo que podríamos haber deseado. Porque no solo hay cientos de proyectos que se centraron en tratar de manipular los engramas [Nota del autor: los engramas se consideran rastros físicos de los recuerdos que se crean en el cerebro] y ver qué se puede hacer con ellos, sino que ahora hay generaciones enteras de nuevos científicos en este campo intentando resolver este problema y la forma en que funcionan la memoria y los recuerdos. Ha sido inspirador y al mismo tiempo, confuso, ver cómo avanzó este campo hasta hoy.

Un vistazo: como este campo ha sido tan extraordinariamente prolífico en la última década y media, lo que comenzó como capacidad para cambiar un recuerdo específico en el cerebro se ha convertido en una historia de éxito, seguida de otra más, y otra, y  vemos que hemos podido restaurar recuerdos que se empezaban a perder, desde la amnesia debida al mal de Alzheimer a la falta de sueño y la adicción. Incluso ahora estamos activando recuerdos positivos en toda clase de contextos, ya sea con modelos de depresión, ansiedad u otras afecciones.

G: Por lo que parece, hay aplicaciones terapéuticas reales que podrían surgir muy pronto. Pienso que para muchos este tipo de investigación también evoca temores de control mental masivo y cosas similares en el futuro. ¿Cómo asegurar que la manipulación de la memoria se haga de manera ética, en especial cuando los médicos empiecen a aplicarla?

R: Es algo que hay que conversar con todos, de manera transparente. No importa si se trata de científicos o del público en general. Todos tenemos algo que ganar y perder, porque tiene que ver con algo que todos, presumiblemente, tenemos: la memoria. Creo que si el diálogo es transparente y de cara al público sobre lo que significa la manipulación de la memoria, entonces se puede usar para el bien común y establecer importantes salvaguardas para impedir su uso indebido.

En este momento no se trabaja en implantar recuerdos en el cerebro humano. Pero además, hay que pensar en que hace 30 años no había ingeniería genética de embriones, antes del Proyecto Genoma Humano que se publicó. Así que esta conversación tiene que comenzar ahora  mismo para que cuando lleguemos allí tengamos ya las salvaguardas que impidan el uso indebido. La meta está en entender la memoria para restaurar en las personas la salud y el bienestar.

Si vamos a utilizar esto para promover la buena salud en los humanos, el bienestar y lo positivo, entonces hay que pensar en que todo esto significa que se usará en contextos clínicos y médicos. No borramos los recuerdos de alguien como yo, por ejemplo, que no pudiera sobreponerme a que me dejó mi novia de la secundaria, porque la vida misma es la que enseña cómo aprender a superar ese tipo de cosas.

Sin embargo, se puede usar en contextos clínicos para quienes están realmente afectados, debilitados, por una afección. Podemos tener un marco médico para este trabajo, del mismo modo en que no prescribimos antidepresivos a toda la población sino solo a quien sufre esa afección y se beneficiaría con la medicación. Si buscamos restaurar la salud, al menos tenemos que empezar a trabajar con una infraestructura similar a esta, que además impedirá el uso indebido.

G: Como periodista investigué de qué manera los falsos recuerdos pueden afectar horriblemente a las personas, y aprendí que la fragilidad de la memoria puede causar un terror existencial. Pero parece que tu investigación te produce una perspectiva optimista, y lo noté en otros científicos que trabajan con la memoria. ¿Por qué sucede eso?

R: Me alegra que lo preguntes porque pienso que sí ha moldeado mi optimismo. Creo que respeto mucho a la memoria y lo que puede llegar a ser. He vivido en carne propia, lo que significa un recuerdo positivo, y lo que provoca un recuerdo negativo, de dolor, de pérdida, que de inmediato cambia mi estado de ánimo.

Entonces, si la memoria puede lograr algo así en unos segundos, es algo que tenemos que respetar. Pienso que a lo largo de mi carrera logré construir respeto por esta facultad cognitiva que puede lograr tanto en nosotros. Pero también empecé a pensar que podemos usarla con fines de sanar a las personas.

Espero que al comunicar el profundo aprecio por lo que es y puede ser la memoria, podamos lograr mayor conexión entre todos. Porque cuando oigo lo que dicen en las reuniones las personas en recuperación, lo que dicen tiene que ver con experiencias vividas y dificultades que han enfrentado. Y sin embargo, al relatar lo que recuerdan, todos los que están presentes se conectan en un nivel fundamentalmente humano. Si tomamos distancia, creo que todos tenemos al menos un recuerdo para compartir que nos conecta con prácticamente toda la humanidad. Entonces el tema es la conexión, la empatía, la compasión y la tolerancia. Eso es lo que me hace ser optimista, porque por cierto no refleja el lugar en el que está hoy el mundo.

G: ¿Qué esperas que se lleve el lector de tu libro?

R: Espero que se lleve el profundo aprecio por lo que puede ser en realidad la memoria, y su capacidad para transportarnos a los momentos más significativos de nuestro pasado, o la de ser un bloque de construcción para imaginar el futuro. Esa es la propiedad mágica que tiene nuestro cerebro, y es algo que no requiere de esfuerzo.

En lo personal, espero que se lleven lo que la ciencia es en realidad, como proceso muy humano. Porque la ciencia produce verdades que ya existen, pero el proceso de llegar allí es una montaña rusa, un emprendimiento humano, y espero que este libro presente esa imagen, al menos en parte.

Finalmente, el lector tal vez pueda apreciar que no solo tenemos recuerdos, sino que dependiendo de tu perspectiva, todos estamos destinados a convertirnos en un recuerdo.

Aprendí eso, en cierta manera, por el tiempo que pasé con Xu y creo que para conciliar o resolver esos momentos tristes o amargos que evoca el saber que seremos un recuerdo es que nuestra vida podría honrarse de manera parecida a lo que sucede con este libro, que honra a mi amigo. Es una forma de ver los recuerdos más difíciles del pasado, honrando nuestra tristeza y poniendo esa parte de la memoria en el centro.

Es una conversación real y  muy humana que hay que tener, una conversación más accesible y menos intimidante.

How to Change a Memory: One Neuroscientist’s Quest to Alter the Past  publicado por Princeton University Press, estará disponible desde el 4 de noviembre.

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