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Ciencia

La evolución natural parece repetir el mismo animal: un estudio encontró la explicación en miles de mamíferos

Un estudio reconstruyó la alimentación de miles de mamíferos y encontró un patrón sorprendente: ramas muy distintas de la evolución acabaron compartiendo adaptaciones para aprovechar el mismo recurso.
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Un pangolín cubierto de escamas, un oso hormiguero americano y un equidna que pone huevos parecen tener poco en común. Sus diferencias saltan a la vista y sus historias evolutivas los sitúan en ramas muy alejadas del árbol de los mamíferos. Sin embargo, cuando llega el momento de alimentarse, aparecen semejanzas difíciles de ignorar.

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© TRANDUYLONG – shutterstock

Lenguas alargadas, dentaduras reducidas y cuerpos preparados para acceder a insectos escondidos: distintas especies han desarrollado por separado herramientas que resuelven un problema parecido. Es como si la naturaleza hubiera encontrado una solución y regresara a ella desde caminos diferentes.

Una investigación publicada en Evolution examinó ese fenómeno a gran escala. El resultado permite entender por qué ciertos mamíferos terminan pareciéndose en sus hábitos y adaptaciones, aunque no hayan heredado esa especialización de un antepasado común cercano. También revela que adoptar este modo de vida puede ser mucho más sencillo que abandonarlo.

El alimento que reunió a animales separados por millones de años

Hormiguero
© Bermix Studio – Unsplash

La conexión está en las hormigas y las termitas. Algunos mamíferos las consumen ocasionalmente; otros dependen de ellas hasta convertirlas en el centro de su alimentación. Esta especialización se conoce como mirmecofagia.

Para reconstruir su historia, los investigadores reunieron información alimentaria de 4.099 especies de mamíferos y la combinaron con datos sobre la evolución y el registro fósil de esos insectos sociales.

El análisis identificó al menos doce orígenes independientes de la alimentación especializada en hormigas y termitas. Es decir, distintos linajes llegaron por su cuenta a una estrategia semejante, partiendo de antepasados con otras dietas.

La importancia del hallazgo va más allá del parecido entre un puñado de animales. Muestra hasta qué punto una fuente de alimento puede orientar la evolución de grupos diferentes.

Cuando muchas presas pequeñas se concentran en colonias, la manera de aprovecharlas cambia. Localizarlas, acceder al nido y capturarlas en cantidad puede resultar más útil que perseguir animales individuales. Con el tiempo, esas exigencias favorecen adaptaciones parecidas.

No significa que todos los consumidores de hormigas sean copias entre sí. Conservan diferencias enormes de tamaño, anatomía y comportamiento. Lo que se repite es parte de la solución al desafío de alimentarse de insectos sociales.

Hocicos, lenguas y garras: distintas rutas hacia una solución parecida

Un hocico alargado puede facilitar el acceso a espacios estrechos. Una lengua especializada permite recoger insectos, mientras que unas extremidades delanteras potentes ayudan a abrir ciertos nidos. En varios de estos mamíferos, los dientes también se reducen o desaparecen.

Estas semejanzas son ejemplos de evolución convergente: linajes diferentes desarrollan características comparables al enfrentarse a condiciones similares.

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© Galyna Andrushko – shutterstock

El fenómeno tiene otro caso conocido en los crustáceos que evolucionaron por separado hacia una forma semejante a la de los cangrejos. La repetición no implica que la evolución tenga un objetivo; muestra que algunas configuraciones aparecen de manera recurrente.

Tampoco ocurre únicamente en animales. Gizmodo en español ha contado cómo dos linajes de hongos desarrollaron de forma independiente la capacidad de producir psilocibina, otra muestra de que caminos evolutivos separados pueden desembocar en resultados semejantes.

En los mamíferos comedores de hormigas, la disponibilidad de alimento ayuda a explicar la coincidencia. El estudio relaciona la aparición de estos especialistas con el aumento de la presencia de hormigas y termitas y el desarrollo de grandes colonias durante el Cenozoico, la era iniciada hace unos 66 millones de años.

Una especialización que deja pocas salidas

El patrón más llamativo no es solo cuántas veces apareció esta dieta, sino lo poco frecuente que resultó abandonarla. La reconstrucción del estudio identificó una única reversión desde la alimentación especializada en insectos sociales.

Eso no demuestra que exista una barrera imposible de cruzar. Los autores plantean posibles explicaciones: la estabilidad del alimento disponible y la dificultad de recuperar características útiles para una dieta más generalista.

Un cuerpo muy eficaz para una tarea concreta puede ofrecer menos alternativas cuando cambian las condiciones. Reducir la dentadura o modificar profundamente el aparato alimentario supone ventajas para consumir determinadas presas, pero también puede limitar otras posibilidades.

La evolución, por tanto, no está fabricando literalmente el mismo animal una y otra vez. Está produciendo distintas versiones de una estrategia que ha funcionado en contextos semejantes.

Detrás del aparente capricho hay una relación entre alimento, anatomía y oportunidades ecológicas. Y esa relación ayuda a entender por qué criaturas tan diferentes pueden terminar buscando su próxima comida dentro de un hormiguero.

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