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Juegos

La furia toma forma: Werewolf: The Apocalypse – Rageborn transforma el metroidvania en una guerra salvaje

Werewolf: The Apocalypse – Rageborn apuesta por un enfoque brutal dentro del género. Como suele señalar Kotaku cuando surgen propuestas así, el cambio no está en el formato, sino en cómo se redefine cada sistema desde la base.
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Durante años, los metroidvania construyeron su identidad alrededor de exploración metódica y progresión controlada. Pero este proyecto decide romper ese equilibrio introduciendo una idea mucho más agresiva: convertir la transformación del protagonista en el centro absoluto de la experiencia, tanto a nivel jugable como narrativo.

Un mundo donde la naturaleza se está desmoronando

La historia se sitúa en una Alaska devastada, donde el frío, la oscuridad y la industrialización forman un entorno hostil que va mucho más allá de lo visual. El protagonista, Taylor, entra en conflicto con la corporación Pentex tras un evento traumático que desencadena su transformación en Garou, arrastrándolo a una guerra donde lo personal y lo sobrenatural se mezclan constantemente .

Este contexto no busca solo ambientar, sino generar una sensación constante de deterioro. El entorno no es un escenario pasivo: refleja una lucha entre lo natural y lo corrupto que atraviesa todo el juego.

Tres formas, tres formas de jugar

El sistema más importante gira en torno a la transformación dinámica. Taylor puede alternar entre tres formas distintas en tiempo real, cada una con su propio enfoque y utilidad .

La forma humana permite ataques a distancia y control táctico, ideal para enfrentamientos más calculados. En cambio, la forma de lobo prioriza la velocidad y el sigilo, abriendo rutas alternativas y facilitando la exploración. Finalmente, la forma Crinos introduce el combate más brutal, con ataques devastadores que rompen obstáculos y redefinen completamente el ritmo del juego.

Este sistema convierte el cuerpo del protagonista en la herramienta principal de progresión. No se trata de acumular habilidades externas, sino de dominar cada forma y entender cuándo utilizarla.

Un metroidvania que se construye desde la violencia

La estructura clásica del género sigue presente, pero reinterpretada. Las rutas bloqueadas no dependen solo de habilidades adquiridas, sino de cómo se combinan las transformaciones y los poderes desbloqueables, conocidos como “Dones” .

Además, los enemigos reaccionan al estilo del jugador. Mercenarios, criaturas alteradas y fuerzas vinculadas con Pentex adaptan su comportamiento, generando combates menos previsibles y más dinámicos.

Construir resistencia en un mundo que colapsa

El juego también introduce un sistema de guarida que permite rescatar aliados y mejorar la base de operaciones. Esto añade una capa estratégica que complementa la acción, reforzando la idea de que el protagonista no lucha solo, sino que forma parte de una resistencia en crecimiento .

Este sistema amplía la progresión más allá del combate, integrando gestión y personalización dentro de la experiencia general.

Un giro inesperado dentro del género

El proyecto destaca no solo por su propuesta, sino también por su origen. El estudio crea-ture Studios, conocido por trabajos completamente distintos, apuesta aquí por una experiencia mucho más oscura y violenta, marcando un cambio importante en su trayectoria .

Y ese cambio se nota. Porque esto no es solo un metroidvania. No es solo una historia de venganza.

Es un juego donde cada transformación redefine la experiencia… y donde la rabia no es un recurso más, sino el motor de todo lo que ocurre.

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