Pluribus ha llegado al quinto episodio, que se estrenó antes del Día de Acción de Gracias. Eso significa que estamos a mitad de camino de la primera temporada, que tiene nueve episodios. La nueva normalidad se ha convertido casi en una incómoda rutina para Carol (Rhea Seehorn), pero los Otros vuelven a cambiar el juego. Carol sigue con su gesta y se encuentra con un nuevo enemigo: los residentes más salvajes de Albuquerque.
Una Albuquerque completamente vacía
Tras ponerse demasiado agresiva en su búsqueda de información en “Por favor, Carol” de la semana pasada – los Otros son reticentes a divulgar detalles sobre cómo revertir la unión, y eso no sorprende para nada – en “La leche” Carol despierta en una ciudad vacía. Lo que quedaba en Albuquerque está ya alejándose por las rutas. Cuando Carol llama a la línea de ayuda, le responde una voz exasperantemente educada en un mensaje grabado (“Después de todo lo que pasó necesitamos algo de espacio”), que ahora tendrá que escuchar cada vez que necesite algo.
Aunque Carol insiste en que es una mujer independiente, necesita la ayuda de los Otros de vez en cuando. Empieza a grabar videos para “mis 12 compañeros sobrevivientes” que quiere que los Otros traduzcan para distribuirlos por el mundo. El propósito será el de actualizar la información para los pocos pensadores libres, con noticias de lo que encuentran, pero también está claro que el contacto es importante. Está más sola que nunca, y cada día la soledad le pesa más.
“Nuestra deuda con la humanidad” es salvar a los afectados, insiste ante su supuesta audiencia, aunque, como ya vimos, a la mayoría de los demás “sobrevivientes” poco les importa cómo está el mundo ahora.
Pero por lo que vimos de Manousos (Carlos-Manuel Vesga), el tipo que quedó en Paraguay, podemos decir que él es un comodín, y Pluribus claramente se prepara para decirnos más sobre él en un futuro episodio. Esta semana, sin embargo, todo gira en torno a Carol… y a algunos animales salvajes de Nueva México que se envalentonan ante el nuevo paisaje sin humanos.
Los momentos destacados
Hay momentos geniales en el quinto episodio, que incluyen un vistazo al bien pensado libro junto al lugar de Helen en la cama (Y no quedó ninguno, de Agatha Christie) y el fracaso del drone enviado para levantar la enorme bolsa de basura de Carol. La imagen del drone, que como un ebrio se topa con el poste de luz, y la bolsa que se rompe y desparrama la basura en la calle sin salida, dice mucho más sobre el modo en que funciona ahora el mundo de Pluribus que si hubiera diálogos.
Eso significa que ahora Carol tiene que ocuparse de la basura, pero descubre algo curioso mientras mete sus residuos en un contenedor público: cartones de leche. Muchos cartones de leche. Es lo que beben los Otros, pero ¿por qué?
El trabajo de detective de Carol la lleva a una fábrica que hasta hace muy poco era la envasadora de un misterioso líquido hecho con un extraño polvo blanco mezclado con agua. Luego rastrea el polvo a una antigua planta de alimento para perros. No vemos lo que descubre, aunque sí se la ve dando un respingo, asustada, cuando termina el episodio.
Suponemos que en el episodio seis se mostrará qué es lo que encontró. Pero jamás habría podido rastrear lo de los cartones de leche si no hubiera tenido que ocuparse de la basura, y eso es algo que tiene que hacer cuando empiezan a merodear los lobos en su jardín.
Ya lo hemos vivido, y por eso es tan genial
Es un eco de lo que sucedió en la vida real durante la pandemia. Mientras el miedo al COVID mantenía a todos encerrados, la naturaleza empezaba a recuperar terreno, con coyotes envalentonados que paseaban por las calles de los suburbios y ciervos que sin miedo pastaban en los parques urbanos. En la Albuquerque de Pluribus hay manadas de lobos que andan por el coqueto vecindario de Carol, buscando comida en el único lugar en el que podrían encontrarla: la basura de la casa de Carol. Cuando los ve por primera vez, los ahuyenta con un palo de golf. Pero la segunda vez los lobos cruzan un límite y empiezan a cavar en la tumba de Helen en el jardín.
Eso ya es demasiado para Carol, que logró contener sus emociones respecto de Helen. En pánico, lo único que se le ocurre es acelerar el coche de policía en el que estuvo metiendo mano, haciendo sonar las sirenas y con las luces encendidas. Es una decisión efectiva porque los lobos se dispersan.
En la siguiente secuencia vemos a Carol mientras conduce hacia una tienda de materiales de construcción, donde carga adoquines en el coche para cubrir la tumba de Helen y demás. El sol se pone, Carol está cansada, y marca el lugar de la tumba de Helen, con una expresión que mezcla profunda determinación y tristeza.
Carol sigue siendo independiente como siempre, incluso en estos tiempos locos, extraños, de soledad. Ningún lobo perturbará la tumba de su esposa. Ni hoy ni nunca. Y los Otros no van a acabar con la raza humana, siempre y cuando Carol logre encontrar la forma de detenerlos.
¿Qué fue ese respingo? ¿Qué encontró Carol? ¿Qué pieza del rompecabezas aparecerá? ¿Alguno de los otros 12 responderá a sus mensajes en video?
Para todo eso hay que esperar hasta el próximo viernes, cuando llegue a Apple TV+ el sexto episodio de Pluribus.