Dos informes recientes de la Organización Mundial de la Salud —Salud mental mundial hoy y Atlas de Salud Mental 2024— dibujan un panorama contundente: una de cada siete personas en el planeta vive con un trastorno mental. La prevalencia global es 14,8% en mujeres y 13% en hombres. La ansiedad y la depresión son las afecciones más comunes y, según la OMS, la salud mental debe abordarse como un derecho humano y un pilar de la salud pública.
El director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, resume el desafío: transformar los servicios de salud mental es urgente; invertir en ellos es invertir en personas, comunidades y economías.
Cifras clave: brechas de atención y efecto pandemia
Los datos que acompañan el diagnóstico son elocuentes:
- 1 de cada 7 habitantes vive con un trastorno mental.
- 71% de las personas con psicosis no recibe atención especializada.
- En países de ingresos bajos y medianos, 1,4% o menos del presupuesto sanitario se destina a salud mental.
- En 2021 hubo ~727.000 muertes por suicidio, una de las principales causas de muerte entre jóvenes.
La pandemia agravó las diferencias por género: en 2020, los episodios de depresión mayor subieron 29,8% en mujeres (24% en hombres) y los trastornos de ansiedad 27,9% en mujeres (21,7% en hombres). En varones son más frecuentes TDAH y TEA; en mujeres, ansiedad, depresión y trastornos de la conducta alimentaria.
La edad también importa: alrededor de un tercio de los trastornos en adultos empieza antes de los 14 años; la mitad, antes de los 18; dos tercios, antes de los 25. Entre mayores de 70 años, ~14% vive con algún trastorno (sobre todo depresión y ansiedad).
Más allá del sufrimiento personal y familiar, la carga económica es enorme. Solo depresión y ansiedad suponen USD 1 billón anual en pérdidas de productividad. A esto se suman los gastos directos de atención, que presionan a los sistemas sanitarios y a los hogares, especialmente donde el gasto de bolsillo es alto.
Qué revela el Atlas 2024: inversión estancada y servicios desiguales
El Atlas de Salud Mental (144 países) recoge avances en políticas y planificación desde 2020 —más estrategias y marcos de derechos—, pero la inversión sigue clavada en ~2% del presupuesto sanitario desde 2017. La brecha es brutal: USD 65 per cápita en países de altos ingresos, frente a USD 0,04 en los de bajos ingresos.
Recursos humanos: mediana global de 13 especialistas/100.000 hab., con escasez crítica en regiones de menores recursos. La atención continúa muy centrada en hospitales psiquiátricos (casi la mitad de los ingresos son involuntarios; >20% duran más de un año). Aunque el 71% de los países integra la salud mental en atención primaria (cumple ≥3 de 5 criterios OMS), persisten lagunas de cobertura y datos.
El acceso es elocuente: <10% de las personas con trastornos accede a atención en países de bajos ingresos, frente a >50% en los de altos ingresos. Sí hay progresos en promoción y apoyo psicosocial (escuelas, primera infancia, prevención del suicidio) y en telesalud, pero el acceso sigue siendo desigual.
Qué hacer ahora: prioridades y ventana política en 2025
La OMS propone acelerar reformas en cinco frentes:
- Financiamiento sostenido y proporcional a la carga de enfermedad.
- Atención comunitaria e integración en primaria, con equipos interdisciplinarios.
- Fuerza laboral: formación, retención y distribución equitativa de profesionales.
- Datos y evaluación: sistemas de información comparables y de calidad.
- Derechos humanos: leyes alineadas con estándares internacionales y reducción de internaciones prolongadas.
La Reunión de Alto Nivel de la ONU sobre enfermedades no transmisibles, salud mental y bienestar (25 de septiembre de 2025, Nueva York) es una oportunidad para situar la salud mental al centro de la agenda con metas, dinero y rendición de cuentas.
Nota de apoyo: si tú o alguien cercano está pasando por un momento difícil o pensando en hacerse daño, busca ayuda profesional y ponte en contacto con los servicios locales de emergencia o líneas de apoyo de tu país. No estás solo/a.
[Fuente: Infobae]