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La película iraquí que ha dejado huella en Cannes y en el público: La tarta del presidente llega a los cines

En un contexto marcado por el miedo, la escasez y la obediencia forzada, una historia mínima puede convertirse en un golpe devastador. Eso es lo que propone La tarta del presidente, una de las películas más comentadas y perturbadoras del cine asiático reciente, que se estrena en salas españolas el 6 de febrero.
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Dirigida por Hasan Hadi, la cinta sitúa su relato en el Irak sometido a sanciones internacionales durante el régimen de Sadam Husein. La protagonista es Lamia, una niña de nueve años obligada a conseguir los ingredientes necesarios para preparar una tarta en honor al presidente. No hacerlo no es una opción: el castigo puede ir desde la cárcel hasta consecuencias mucho más graves.

Con esa premisa aparentemente sencilla, la película construye un retrato asfixiante del totalitarismo visto desde la infancia.

Un debut que ha sacudido Cannes

La tarta del presidente se presentó en el Festival de Cannes, donde logró un doble reconocimiento poco habitual para una ópera prima: la Cámara de Oro a la mejor primera película y el Premio del Público en la Quincena de Realizadores. Dos galardones que reflejan tanto el respaldo de la crítica como la reacción emocional del público.

El impacto no se quedó ahí. Desde su estreno, la película ha sido señalada como una de las propuestas más potentes de 2025 dentro del cine internacional, especialmente por su capacidad para conmover sin recurrir al subrayado ni al sentimentalismo.

Una mirada que incomoda y permanece

La recepción crítica ha sido especialmente contundente. Luis Martínez, en El Mundo, la define como un “deslumbrante ejercicio de cine” que impresiona “por su certeza, su profundidad, su simple belleza y la claridad en el manejo de las miradas”, otorgándole cuatro estrellas sobre cinco.

Desde Deadline, la reacción fue todavía más visceral: “Sin ánimo de spoiler, solo puedo decir que las imágenes finales de la película me han perseguido durante semanas desde que vi este magistral debut”.

Screendaily, por su parte, destaca un elemento clave de la película: su accesibilidad. “Sus interpretaciones centrales, su historia cada vez más conmovedora y sus ideas claras tanto para jóvenes como para adultos deberían garantizarle una buena acogida”.

Más allá del prejuicio del cine ‘difícil’

Una de las virtudes de La tarta del presidente es que desmonta el prejuicio habitual que pesa sobre el cine procedente de países como Irak o Irán, a menudo etiquetado como inaccesible o reservado solo para cinéfilos.

La historia de Lamia no exige conocimientos previos ni claves políticas complejas: funciona desde la emoción, desde el miedo cotidiano y desde la lógica infantil enfrentada a una violencia absurda. En ese sentido, conecta con una tradición de cine humanista que ha sabido trascender fronteras, como el del cineasta iraní Jafar Panahi, capaz de combinar sencillez narrativa y profundidad moral en películas como El globo blanco u Offside.

Una película que puede cambiar miradas

La tarta del presidente no busca provocar desde el exceso, sino desde la contención. Su fuerza está en lo que sugiere, en lo que calla y en cómo utiliza la mirada de una niña para retratar un sistema que aplasta incluso los gestos más inocentes.

Puede ser, para muchos espectadores, esa película que haga replantearse frases hechas y abandonar la idea de que cierto cine es “demasiado lejano” o “demasiado político”.

A veces, basta una historia pequeña para revelar una verdad enorme. Y esta llega a los cines el 6 de febrero, solo en salas.

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