En un momento en que gran parte de Europa avanza hacia la reducción de la jornada laboral, este país ha decidido ir en la dirección opuesta. Su Parlamento aprobó un marco legal que habilita a los empleadores a establecer jornadas excepcionales de hasta 13 horas diarias, siempre bajo límites estrictos: un máximo de 37 días al año y 48 horas semanales.
Un cambio que rompe con la tendencia europea

Mientras países como Francia y España promueven la reducción a 35 horas semanales, este caso se desmarca por completo. Las autoridades defienden la reforma como una respuesta “moderna y necesaria” ante los cambios del mercado global y la expansión de la inteligencia artificial en el trabajo.
El gobierno sostiene que, al permitir un número limitado de jornadas intensivas, se puede mantener la productividad sin erosionar los derechos laborales. Sin embargo, los sindicatos y parte de la oposición temen que este modelo normalice el exceso de horas y aumente la precariedad.
El primer ministro ha insistido en que el nuevo esquema incluye controles para evitar abusos y asegurar los descansos obligatorios entre jornadas, aunque las críticas apuntan a que la presión empresarial podría forzar su uso más allá de los límites previstos.
El espejo tecnológico: Silicon Valley y Asia

El modelo no surge en el vacío. Experiencias similares existen en Estados Unidos, China y Corea del Sur, donde las industrias tecnológicas han normalizado horarios intensivos en nombre de la innovación.
En Silicon Valley, por ejemplo, se han documentado semanas de seis días con 12 horas diarias, y en China el famoso “sistema 996” (trabajar de 9 a 21, seis días por semana), impulsado por Jack Ma en Alibaba, fue tan polémico que terminó siendo declarado ilegal por el Tribunal Supremo del país.
Los expertos ven en estos modelos un reflejo de la llamada “cultura masculina heroica”, un concepto descrito por las académicas Margaret O’Mara y Carolyn Che para referirse al ideal del trabajador incansable que sacrifica su vida personal en aras de la competencia global.
La nueva frontera del trabajo en Europa

La medida griega, impulsada por el gobierno de Kyriakos Mitsotakis, busca responder a la demanda de sectores con alta carga tecnológica y producción continua —como los servicios digitales, la robótica y la automatización— que requieren mayor flexibilidad para operar.
Cada una de estas jornadas extendidas incluirá una bonificación del 40% sobre la remuneración habitual, presentada como incentivo por el “esfuerzo extraordinario” de los trabajadores.
Entre la eficiencia y el agotamiento
Los defensores de la reforma argumentan que el futuro del empleo exige elasticidad, especialmente en sectores donde la demanda fluctúa o donde la automatización requiere supervisión continua. Pero el riesgo es evidente: que la “excepcionalidad” de las 13 horas se convierta en norma.
La legislación griega impone un máximo anual de 150 horas extra y exige un descanso mínimo entre turnos, pero muchos trabajadores temen que el nuevo marco abra una puerta a la explotación en nombre de la productividad.
Mientras tanto, la medida coloca a Grecia como el país con la jornada más larga de Europa, reavivando un viejo dilema que ahora adopta una nueva forma: ¿puede el trabajo humano seguir el ritmo de las máquinas?
[Fuente: iProfesional]