[Versión en español resumida del artículo original en inglés]
Una mochilera canadiense, Piper James, murió en la isla K’gari (Fraser) el 19 de enero, y la autopsia indicó que la joven de 19 años había sido mordida por dingos – son lobos salvajes – cuando todavía estaba viva, y que la causa más probable de muerte fue el ahogamiento.
El gobierno de Queensland anunció que eliminaría a la jauría de diez dingos que rondaban el lugar en el que se halló el cuerpo de Piper. Y los eliminó.
Las autoridades defendieron la medida por “seguridad pública” y el deseo de que el turismo no se vea afectado, afirmando que “la isla está abierta” a los turistas.
La eliminación de los dingos se hizo sin la aprobación o conocimiento del pueblo Butchulla, propietarios tradicionales de la isla. Los padres de la joven se opusieron a la matanza diciendo que su hija amaba la naturaleza y no habría estado de acuerdo con la medida. Hubo críticas de expertos científicos y del público.
La tormenta perfecta

Los dingos de K’gari (que el pueblo Butchulla llama Wongari) son una población de alta conservación y valor cultural en esta isla de arena, parte del Patrimonio de la Humanidad. Se calcula que habitan la isla entre 70 y 200 dingos.
Unos 450.000 turistas visitan la isla de unos 1.600 km cuadrados cada año, con lo cual los dingos y los humanos comparten las mismas playas, y la mayoría de los encuentros son amigables y hasta disfrutables. Son menos del 1% los visitantes que pasan por una interacción negativa. Los dingos son una de las atracciones para los turistas.
Por supuesto, el riesgo aumenta si los dingos y las personas se acercan mucho. A menudo los visitantes les dan, o dejan, restos de comida y eso alienta a los dingos a rebuscar alimento en lugares donde los humanos pasan su tiempo. Cuando hay encuentros negativos, en general se trata de lesiones leves como arañazos o mordeduras menores. Son infrecuentes los ataques, tanto en K’gari como en el continente. Los más vulnerables son los niños, por su tamaño pequeño.
El Servicio de Parques y Vida Silvestre de Queensland trabaja desde siempre para reducir los incidentes, y su campaña incluye información, señalización, áreas cercadas e incluso “palos para dingo”, que disuaden a los animales y hacen que se alejen. Pero no siempre las personas siguen las instrucciones y a veces dejan alimentos en sus tiendas o bolsos, o se acercan demasiado a los dingos y dejan que los niños anden por allí sin supervisión.
Los dingos están en la cúspide de la pirámide de depredadores. Son relativamente pequeños, con aspecto de perros. No se ven especialmente peligrosos y la gente olvida que son depredadores salvajes.
Décadas de control

Las autoridades controlan la población de dingos en K’gari. Entre 2001 y 2013 se eliminaron 110 dingos y en 2001, después de la muerte de Clinton Gage, de 9 años de edad, se eliminaron de inmediato 28 dingos. Cada año se matan tal vez uno o dos.
Eliminar hasta diez dingos tiene un elevado costo porque genéticamente la población de K’gari no tiene diversidad, con lo que si hay solo 25 animales que pasan sus genes de generación en generación, la población efectiva es reducida. En las últimas dos décadas se han hallado cruza intrafamiliar, aislamiento genético y poca variación genética en los dingos de K’gari.
La cruza intrafamiliar puede causar deformidades físicas, menos éxito en la cría y mayor riesgo de extinción local. Como se trata de una isla, no hay “nuevos” dingos que aporten sus genes.
En 2025 el análisis de viabilidad de la población mostró que la cantidad de muertes de dingos sigue en los niveles naturales y la población podría mantenerse estable. Pero con matanzas masivas o brotes de enfermedades los animales están en mayor riesgo de extinción. Nuestros estudios indican que en unos 50 años podrían estar en mayor riesgo, y que en 100 años más la supervivencia sería cercana al cero.
La eliminación en masa no resuelve problemas de seguridad

Los registros de los incidentes con dingos en K’gari brindan poca evidencia de que la matanza de dingos resulte en mayor seguridad. Los incidentes de “mayor severidad” fueron en promedio unos 10,7 informes al año entre 2001 y 2015. Y aunque en ese período se mataron 110 dingos, no hubo clara tendencia descendente en la cantidad de incidentes.
Pero se encontró un patrón predecible y estacional. De los incidentes graves el 40% ocurrió en temporada de celo (marzo a mayo) y 30% en temporada de cría (junio a agosto), cuando los dingos están más activos y la dinámica social es más intensa. Los dingos tal vez recorran más terreno y pongan a prueba los límites, y con las crías los adultos vigilan más y corren mayor riesgo al buscar alimento para sus cachorros.
Otros factores incluyen la conducta, tanto de los dingos como de las personas que llegan a su hábitat.
Cuando un dingo se acerca a las personas o busca comida en la basura, tiene más probabilidades de que lo consideren un problema y lo maten, pero en el entorno del turismo en lugares silvestres su conducta no es anormal. Es la forma en que responden ante la gente, la comida y la oportunidad. Los machos más jóvenes suelen ser los más persistentes, pero cuando se hacen mayores ya no exploran tanto como antes.
Un problema humano, no de los dingos
Los dingos de K’gari hacen lo que todo depredador salvaje, como los tiburones y los cocodrilos en los océanos y ríos de Australia.
Nuestra seguridad depende de nuestra conducta en lugares silvestres. Se reduce el riesgo si la comida y la basura se ubican en lugares seguros, si los niños permanecen cerca de los adultos, si no se sale a caminar a solas, si se respetan las instrucciones de la señalética y si se deja de alimentar a los dingos con comida humana. Matarlos no hará que K’gari sea más segura. Lo lograrán la conducta y la actitud de los humanos.
Bradley P. Smith, Disertante Principal en Psicología, CQUniversity Australia, y Kylie M. Cairns, de Investigación en genómica de cánidos y vida silvestre, UNSW Sydney. Artículo republicado desde The Conversation bajo licencia Creative Commons. Lea aquí el artículo original .