Saltar al contenido
Ciencia

Las claves para frenar el reloj biológico

El ejercicio y la alimentación son claves para un envejecimiento saludable, y los avances en medicina antienvejecimiento podrían estar más cerca de lo que creemos.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

La muerte es inevitable, pero el camino hacia ella no es el mismo para todos.

La esperanza de vida al nacer a nivel mundial ronda actualmente los 73 años, aunque varía mucho entre países, e incluso entre distintos estados de EE. UU. Muchos de nosotros conocemos personas que se mantienen ágiles y lúcidas con el paso de los años, y otras que sufren un marcado deterioro en su vejez. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿se puede ralentizar de forma significativa nuestro reloj biológico? ¿Estamos más cerca de una posible fuente de la juventud?

El (no tan) hombre centenario

Empecemos por las malas noticias: probablemente haya un límite biológico para nuestra longevidad. Un estudio reciente reveló que, si bien la esperanza de vida ha aumentado en general desde principios del siglo XX, ese ritmo se ha desacelerado notablemente en países de altos ingresos, como EE. UU., en los últimos 30 años. Hoy en día, solo el 3 % de las mujeres y el 1 % de los hombres estadounidenses se espera que alcancen los 100 años. Estos y otros datos sugieren que una extensión radical de la vida humana aún está fuera de nuestro alcance.

Pero no todo está perdido. Muchos expertos en envejecimiento proponen cambiar el enfoque: más que alargar la vida, debemos centrarnos en mejorar la vida saludable, es decir, los años de buena salud física y mental. Las personas que superan los 100 años suelen gozar de mejor salud durante gran parte de sus vidas, pero también hay quienes mueren a los 70 u 80 sin haber sufrido enfermedades crónicas comunes en sus pares.

Las claves más básicas (y efectivas) para envejecer bien

La buena noticia es que existen formas comprobadas de mejorar o mantener nuestra salud con el paso del tiempo. Una de las más efectivas es el ejercicio físico. Cualquier tipo y cantidad de actividad, desde caminar hasta levantar pesas o hacer yoga, tiene beneficios a cualquier edad.

“No hay duda de que el ejercicio regular se asocia con una mayor esperanza de vida y mejor calidad de vida”, afirma Sanjai Sinha, profesor asociado de medicina clínica en el Mount Sinai Health System. Además, existen datos sólidos que vinculan el ejercicio con una reducción en el riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas, cánceres y trastornos neurodegenerativos.

La alimentación también cumple un papel fundamental. Aunque hay muchas dietas saludables, la más consistente en cuanto a longevidad, según Sinha, es la dieta mediterránea. Esta promueve el consumo abundante de vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva, pescado y aves en cantidades moderadas, y una reducción de carnes rojas, azúcares refinados y grasas saturadas. Un análisis de 40 ensayos clínicos en 2023 concluyó que esta dieta superó a otras seis en cuanto a beneficios para personas con alto riesgo cardiovascular.

Además, evitar o moderar ciertas conductas puede extender la vida. El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y el sedentarismo se asocian con una vida más corta. Incluso factores menos obvios, como las pesadillas frecuentes, podrían influir en un envejecimiento más acelerado, según estudios recientes.

Avances y promesas en la medicina antienvejecimiento

Todavía sabemos poco sobre la biología del envejecimiento, y menos aún sobre cómo frenarla de manera efectiva. Aunque hay una gran oferta de suplementos que prometen efectos antienvejecimiento, la mayoría no cuenta con pruebas concluyentes. Por ejemplo, un estudio reciente de los NIH no logró confirmar que los niveles bajos de taurina, un aminoácido popular en suplementos, estén realmente vinculados con el envejecimiento.

“Si bien pueden tener efectos sobre ciertos genes y proteínas relacionados con el envejecimiento, estos suplementos no han demostrado prolongar la vida en ensayos clínicos bien diseñados”, señala Sinha. “Ningún producto destaca realmente sobre el resto.”

Sin embargo, hay investigaciones prometedoras. En EE. UU. se está llevando a cabo un estudio con 3.000 personas mayores de 65 años para probar si la metformina, un medicamento ampliamente usado para la diabetes tipo 2, puede prolongar la vida. También se estudia la rapamicina, usada para evitar el rechazo de órganos, en contextos de envejecimiento y enfermedades asociadas.

Anthony Molina, profesor de medicina en la Universidad de California en San Diego, se muestra optimista: “Gracias al desarrollo de biomarcadores del envejecimiento biológico, ahora podemos evaluar tratamientos en función de resultados clínicos y de salud real a lo largo del tiempo”.

El rol de la resiliencia inmunológica

Además, los científicos siguen descubriendo nuevos factores detrás del envejecimiento. Investigadores de la Universidad de Texas en San Antonio han identificado lo que llaman “resiliencia inmunológica”: la capacidad del sistema inmunitario para enfrentar amenazas reales sin causar inflamación excesiva. Un estudio de abril mostró que las personas de mediana edad con mayor resiliencia inmunológica podrían tener una ventaja de supervivencia de hasta 15 años.

“La inflamación es esencial, pero debe darse en la cantidad, tipo, lugar y duración adecuados”, explica Sunil Ahuja, médico e investigador del VA Center for Personalized Medicine.

Motivos para mantener la esperanza

Hábitos como el ejercicio y una buena alimentación se relacionan con esa resiliencia inmunológica. Pero Ahuja confía en que en el futuro cercano será posible ofrecer terapias personalizadas que la potencien. Con un análisis profundo del genoma, metabolismo, microbioma y otros rasgos individuales, podríamos diseñar dietas y tratamientos preventivos a medida, de forma similar a cómo se personaliza hoy la medicina oncológica.

Todavía no estamos ahí. Pero hay algo más que puede ayudar: el optimismo. La actitud positiva podría ser uno de los “superalimentos” más efectivos.

“Cuando las personas afrontan la vida y el estrés de manera positiva, mantienen un estado que, según nuestros datos, es menos inflamatorio”, afirma Ahuja.

Nadie vive para siempre, pero sí podemos hacer mucho para que nuestro paso por este mundo sea lo más saludable y satisfactorio posible. Y con algo de suerte, en los próximos años surgirán aún más formas de lograrlo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados