Antes de que dos cotorras monje se conviertan en amigas, ocurre algo mucho más complejo que un simple intercambio de simpatías. Los científicos han descubierto que estas aves siguen un protocolo social basado en la paciencia, la observación y el cálculo del riesgo. Lejos de actuar por impulso, miden cuidadosamente cada paso que dan hacia el otro. Una estrategia que, sorprendentemente, se asemeja más a las dinámicas sociales humanas de lo que jamás se imaginó.
Cómo las cotorras “prueban las aguas” antes de confiar
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Cincinnati y publicado en Biology Letters, analizó detalladamente cómo se comportan las cotorras monje al encontrarse con aves desconocidas. Para ello, se introdujeron 22 ejemplares procedentes de distintos lugares en un amplio corral al aire libre, observando sus interacciones durante 22 días.
Los resultados fueron claros: ante desconocidos, las cotorras optaron por una aproximación prudente. Antes de cualquier contacto físico, mantuvieron distancia, observaron y compartieron espacio sin tocarse. Solo tras múltiples encuentros sin señales de amenaza pasaron a conductas más cercanas, como posarse hombro con hombro o tocarse los picos.
Este avance gradual permitió minimizar riesgos —agresiones, contagios o conflictos— y favoreció la creación de vínculos estables. De las 179 parejas de aves desconocidas analizadas, el 98% inició la relación con interacciones de bajo riesgo, pero solo un 3% progresó hasta intercambiar comida o formar pareja reproductiva.

Lo que esta estrategia revela sobre su inteligencia
El comportamiento observado no es fruto del azar. Los investigadores destacan que estas aves poseen habilidades sociales complejas, capaces de ajustar su conducta según el contexto y el grado de confianza. La cautela inicial funciona como un filtro que determina quién merece una relación más estrecha.
Los análisis demostraron también que este proceso no está ligado al sexo ni a la reproducción: es una estrategia universal para gestionar la incertidumbre social.
Un espejo del comportamiento humano
Los científicos subrayan el evidente paralelismo con nuestra propia especie. La idea de “probar las aguas” forma parte de cómo los humanos construimos nuevas amistades: pequeños gestos, observación mutua y gradualidad antes de abrirnos por completo.
La autora principal, Claire O’Connell, destacó que esta intuición compartida entre aves y humanos señala algo profundo: la necesidad de protegernos, reducir riesgos y asegurar relaciones que aporten estabilidad.

Por qué este hallazgo importa más allá de las cotorras
El descubrimiento abre puertas para comprender mejor cómo funcionan las sociedades animales complejas, cómo minimizan el conflicto y cómo gestionan la cooperación. Además, aporta claves evolutivas sobre la importancia de la confianza gradual en especies que dependen del grupo para sobrevivir.
En un mundo cada vez más interesado en la inteligencia animal, las cotorras monje nos recuerdan que las relaciones sólidas —ya sea entre humanos o aves— empiezan siempre igual: despacio, observando… y probando las aguas.
Fuente: Infobae.