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Ciencia

Llevamos 54 años añadiendo segundos para que nuestros relojes sigan el ritmo de la Tierra. Ahora el planeta nos ha obligado a cambiar las reglas

Desde 1972, la humanidad añade segundos a sus relojes para compensar las irregularidades de la rotación terrestre. Una decisión histórica pondrá fin a esta práctica en 2027 para evitar fallos en los sistemas tecnológicos.
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Durante siglos, medir el tiempo parecía depender de algo tan sencillo como observar el movimiento del Sol. La Tierra completaba una rotación, comenzaba un nuevo día y los relojes intentaban seguir ese ritmo. Pero cuando aparecieron los relojes atómicos, capaces de medir el tiempo con una precisión extraordinaria, surgió un problema inesperado: nuestro planeta no gira con la regularidad que necesita el mundo digital.

Desde 1972, los científicos han tenido que introducir segundos adicionales en la hora oficial para compensar esas pequeñas diferencias. En total fueron 27, el último de ellos añadido el 31 de diciembre de 2016.

Ahora, después de más de medio siglo, esa práctica tiene fecha de caducidad. El 15 de octubre de 2026, representantes de distintos países reunidos en Versalles, Francia, aprobaron una decisión histórica: a partir del 20 de mayo de 2027, el tiempo oficial dejará de ajustarse mediante segundos intercalares.

El objetivo no es cambiar nuestra percepción del día, sino evitar que una corrección aparentemente insignificante termine provocando problemas en sistemas informáticos de todo el planeta.

La Tierra nunca fue un reloj perfecto y llevamos décadas intentando corregirla

Llevamos 54 años añadiendo segundos para que nuestros relojes sigan el ritmo de la Tierra. Ahora el planeta nos ha obligado a cambiar las reglas
Primer plano de un dispositivo experimental con componentes ópticos y una cámara de precisión. La tecnología de los relojes atómicos resulta fundamental para sincronizar telecomunicaciones, sistemas de navegación y redes informáticas en todo el mundo. © Centre for Quantum Technologies, National University of Singapore.

Aunque solemos pensar que un día dura exactamente 24 horas, la velocidad de rotación terrestre experimenta pequeñas variaciones. Los movimientos de su núcleo, las mareas, la redistribución de masas y otros procesos geofísicos pueden acelerar o ralentizar ligeramente ese giro.

Los relojes atómicos, en cambio, utilizan propiedades físicas de los átomos para establecer intervalos de tiempo extremadamente precisos. Esa diferencia obligó a crear un sistema de correcciones. Cuando la distancia entre el Tiempo Universal Coordinado (UTC) y el tiempo basado en la rotación terrestre se aproximaba a 0,9 segundos, podía introducirse un segundo intercalar.

Como explica la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM), responsable de coordinar la referencia horaria mundial, el UTC es fundamental para sincronizar las telecomunicaciones, los sistemas financieros, la navegación por satélite y numerosas infraestructuras digitales. Sin embargo, mantener ambos tiempos prácticamente idénticos se ha convertido en una complicación creciente.

La 28.ª Conferencia General de Pesas y Medidas aprobó oficialmente el 15 de octubre de 2026 adelantar a 2027 una reforma que inicialmente debía aplicarse, como muy tarde, en 2035.

El verdadero miedo de los científicos no era añadir un segundo, sino tener que quitarlo

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El reloj atómico NIST-F4, desarrollado en Estados Unidos, utiliza átomos de cesio para establecer una referencia de tiempo extremadamente precisa. A partir de mayo de 2027, la hora mundial dejará de incorporar segundos intercalares para compensar las irregularidades de la rotación terrestre. © R. Eskalis/NIST.

Hasta ahora, todos los segundos intercalares habían sido positivos: se añadía un segundo al final de determinados días para evitar que los relojes atómicos se adelantaran demasiado respecto de la rotación terrestre. Pero durante los últimos años se produjo una situación diferente. La Tierra experimentó períodos de rotación más rápida, lo que abrió la posibilidad de tener que eliminar un segundo por primera vez. Ese escenario preocupa especialmente a los responsables de la sincronización digital.

Según el informe técnico de la BIPM presentado ante la conferencia, existe una probabilidad estimada del 30% de que fuera necesario introducir un segundo intercalar negativo antes de 2035 si se mantuvieran las reglas anteriores.

La operación podría generar errores en programas y dispositivos que nunca fueron diseñados para gestionar una modificación semejante. Los especialistas comparan la dificultad de preparar algunos sistemas con los esfuerzos realizados para prevenir el llamado efecto 2000.

Los problemas también afectan a la introducción de segundos positivos: algunos servidores distribuyen el ajuste gradualmente, mientras otros lo aplican de inmediato, creando diferencias entre sistemas que necesitan compartir una misma referencia temporal.

La solución aprobada consiste en dejar que los relojes atómicos mantengan una escala continua, aunque se separen progresivamente del tiempo astronómico.

En 2027 cambiará la forma de medir el tiempo, pero nadie tendrá que ajustar su reloj

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Los físicos Steve Jefferts y Tom Heavner trabajan junto al reloj atómico NIST-F2. La precisión de estos dispositivos supera ampliamente la regularidad de la rotación terrestre, cuyas pequeñas variaciones obligaron durante décadas a corregir la hora oficial. © NIST.

La nueva resolución permite ampliar hasta 3.600 segundos, equivalentes a una hora, la diferencia máxima entre el UTC y el tiempo determinado por la rotación terrestre. Eso no significa que nuestros relojes vayan a adelantarse o atrasarse una hora en 2027. La separación se acumulará gradualmente a lo largo de un período extremadamente prolongado.

La documentación oficial del BIPM sobre el futuro de la medición del tiempo explica que el objetivo es garantizar la continuidad del UTC sin introducir saltos inesperados. La astronomía y otras disciplinas que necesitan conocer la orientación exacta de la Tierra seguirán utilizando mediciones especializadas de su rotación.

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El reloj atómico NIST-7 fue una de las referencias de tiempo de Estados Unidos durante la década de 1990. Los relojes basados en cesio permiten medir intervalos de tiempo con una precisión indispensable para las telecomunicaciones y la navegación moderna. © National Air and Space Museum, Smithsonian Institution.

Para la mayoría de las personas, el cambio será imperceptible. Los días seguirán teniendo 24 horas en los relojes civiles, los husos horarios conservarán su funcionamiento y no será necesario modificar la hora manualmente. Pero la decisión representa algo mucho más profundo: por primera vez desde 1972, la humanidad dejará de corregir periódicamente su hora oficial para obligarla a seguir tan de cerca los movimientos de la Tierra.

Durante miles de años, el planeta fue nuestro reloj. Ahora hemos decidido que, para mantener sincronizado al mundo moderno, es mejor no depender de cada pequeña irregularidad de su giro.

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