Durante siglos, el mundo de la ornitología ha girado mayoritariamente en torno al estudio de los machos. Sin embargo, recientes investigaciones han destapado una realidad olvidada: las aves hembras no solo son cruciales para el equilibrio de las especies, sino que también han sido sistemáticamente pasadas por alto. Esta omisión tiene consecuencias reales, tanto científicas como ecológicas.
Las hembras también cantan… y vuelan más lejos
Hasta hace poco, la creencia generalizada en la comunidad científica era que el canto de los pájaros era cosa de machos. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que muchas hembras también cantan, y que este comportamiento está más extendido de lo que se pensaba.
El sesgo, según explica la ornitóloga Joanna Wu, nace en parte porque los machos suelen ser más llamativos y fáciles de identificar. A esto se suma el hecho de que, en muchas especies, machos y hembras apenas presentan diferencias visibles, dificultando aún más su estudio.

Este descuido no es menor: las aves hembras tienen comportamientos distintos, habitan otras zonas fuera de la época de cría, y su supervivencia enfrenta desafíos específicos. Por ejemplo, se ha descubierto que algunas especies femeninas pierden hábitats a una velocidad mucho mayor que sus equivalentes masculinos.
Además, las hembras tienden a dispersarse más lejos y tienen tasas de supervivencia más bajas. Este simple dato puede traducirse en riesgos mayores durante las migraciones, como depredadores, hambre o desgaste físico.
No es una guerra de sexos, es una cuestión de ciencia incompleta
Este patrón de invisibilidad no es exclusivo de las aves. La medicina y otras ciencias también han arrastrado un enfoque masculino que ha dejado a las mujeres en un segundo plano. Según la doctora Elizabeth Comen, este sesgo estructural ha condicionado durante décadas las preguntas que se han hecho —y las que no—.
La idea no es contraponer machos y hembras, sino entender que, al no estudiar a ambos, se pierde información clave. Por ejemplo, en el caso humano, las mujeres viven más años pero con peor salud. Comprender esta diferencia no solo beneficia a ellas, sino a toda la sociedad.
Lo mismo ocurre con las aves: ignorar a las hembras limita la eficacia de los programas de conservación.

Cambiar la mirada: el futuro del estudio de las aves hembras
Afortunadamente, el panorama empieza a cambiar. Proyectos como Galbatross promueven una investigación más equitativa, centrada también en las hembras. Entre las soluciones propuestas está mejorar la formación de los científicos y del público para identificar aves femeninas, y ampliar el uso de muestras genéticas para conocer su sexo con precisión.
También se está replanteando cuándo y dónde se realizan las observaciones: migraciones, hábitats específicos y épocas del año diferentes a la reproducción pueden ofrecer datos más completos.
Aún queda mucho por hacer, sobre todo en regiones fuera de Europa y Norteamérica, donde se concentran la mayoría de estudios. Y aunque la financiación es clave, decisiones políticas recientes podrían obstaculizar los avances en este campo.
La lección es clara: para conservar, hay que mirar más allá de lo evidente. Y, muchas veces, eso significa prestar atención a quienes han estado en silencio demasiado tiempo.