La madera suele ser uno de los materiales más crueles para la arqueología. El paso del tiempo, la humedad, los microorganismos y las condiciones ambientales normalmente terminan destruyéndola mucho antes de que los arqueólogos puedan recuperarla. Por eso lo hallado en Chan Chan resulta tan extraordinario.
Mientras trabajaban en excavaciones dentro de la Huaca Takaynamo, un grupo de especialistas encontró una figura de madera de apenas 47 centímetros que parece haber sobrevivido al tiempo de forma casi imposible. Lo más impactante no es solo que la pieza siga intacta, sino que todavía conserva colores, relieves y acabados decorativos realizados hace siglos por artesanos de la cultura Chimú. Y cuanto más la analizan, más preguntas aparecen sobre el verdadero papel ceremonial de este antiguo espacio sagrado.
Una figura ceremonial que conservó pigmentos y detalles casi imposibles de encontrar

La escultura fue localizada durante la tercera etapa de trabajos impulsados por el Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan (Pecach), dentro de un amplio programa de recuperación e investigación iniciado en 2022.
Según los arqueólogos, la pieza representa a un personaje que habría actuado como cargador de andas ceremoniales. Aunque la figura mide apenas 47 centímetros de largo por 16 de ancho, el nivel de detalle sorprendió inmediatamente al equipo científico. El personaje lleva un gorro trapezoidal decorado con siete bandas verticales alternadas en tonos claros y oscuros. Su rostro ovalado aparece completamente pintado de rojo y mantiene rasgos faciales muy definidos: nariz recta, ojos almendrados y orejas circulares cuidadosamente trabajadas. Pero quizá uno de los aspectos más fascinantes está en las propias orejas.
Los investigadores detectaron restos de una resina negra utilizada para fijar pequeñas placas de nácar, una técnica artesanal extremadamente sofisticada para la época. El hallazgo demuestra un nivel técnico y simbólico mucho más complejo de lo que muchas veces se imagina sobre estas culturas prehispánicas. Y la figura no apareció sola.
Junto a ella, los arqueólogos recuperaron un pequeño bolso negro decorado con hilos marrones y blancos, además de un collar elaborado con semillas de nectandra, elementos que refuerzan el carácter ritual del conjunto.
El descubrimiento que ayuda a entender mejor los rituales de la cultura Chimú

Chan Chan, considerada la ciudad de adobe más grande de América precolombina, sigue revelando secretos siglos después de haber sido abandonada. Pero este hallazgo tiene un valor especial porque ayuda a comprender mejor el funcionamiento de edificios periféricos que hasta ahora generaban muchas dudas entre los investigadores.
Arturo Paredes Núñez, responsable de investigación del Pecach, explicó que las esculturas de madera halladas en Chan Chan suelen clasificarse en dos grandes grupos: figuras fijas y móviles.
Las figuras fijas normalmente aparecían custodiando entradas y espacios importantes dentro de los conjuntos amurallados. En cambio, esta nueva pieza parece haber sido transportada o utilizada activamente en ceremonias rituales, algo que refuerza la importancia religiosa de la Huaca Takaynamo. Y eso resulta especialmente interesante porque este templo es considerado uno de los espacios ceremoniales más antiguos vinculados al complejo de Chan Chan.
Cada objeto recuperado allí ayuda a reconstruir no solo cómo vivían los Chimú, sino también cómo entendían el poder, la religión y la representación simbólica dentro de su sociedad.
Un hallazgo excepcional que demuestra todo lo que Perú todavía guarda bajo tierra
La viceministra de Patrimonio Cultural de Perú, Janie Gómez, destacó que descubrimientos como este refuerzan el enorme valor arqueológico del país y su potencial para el desarrollo cultural y turístico. Pero más allá del impacto institucional, el hallazgo vuelve a recordar algo fascinante sobre la arqueología: todavía existen piezas capaces de atravesar siglos enteros prácticamente intactas, esperando silenciosamente bajo tierra.
En el caso de esta figura Chimú, el tiempo no logró borrar ni siquiera parte de sus colores originales. Y quizá eso sea lo más impresionante de todo: pensar que unos artesanos prehispánicos tallaron y pintaron aquella escultura siglos atrás sin imaginar que, mucho tiempo después, seguiría observando al mundo casi exactamente igual que el primer día.