A lo largo de los años las excavaciones en Göbekli Tepe, sitio del neolítico en Turquía, han descubierto cientos de huesos y cráneos humanos. Por eso los arqueólogos creían que el lugar era gobernado por alguna “secta de los cráneos”. Pero los nuevos hallazgos indican que habría que pedir disculpas a esos habitantes.
En un estudio reciente que se publicó en PLOS One, los arqueólogos encontraron evidencia que respalda otra interpretación, más benévola, de Göbekli Tepe: la cantidad de huesos hallados en pilas y desorden acabaron allí como resultado de un catastrófico alud, un deslizamiento de tierra. Las nuevas investigaciones constituyen el primer estudio por expertos de sepulturas intactas. Hay que aclarar que los recolectores-cazadores que vivían en el lugar probablemente llevaban a cabo ritos espirituales en los que intencionalmente se deformaban los huesos y los cráneos. Pero esos rituales tal vez no fueran tan diferentes de los que practicaban otros grupos comparables en la región.
Dicho esto, no necesariamente hay que descartar la posibilidad de prácticas mortuorias inusuales en Göbekli Tepe. Más bien, apunta a la considerable diversidad de rituales fúnebres en la Anatolia del neolítico”, escriben en su trabajo Julia Gresky y Lee Clare, arqueólogos del Instituto Arqueológico Alemán y coautores del trabajo.
Un ícono del neolítico
Gresky y Claro escriben que Göbekli Tepe es uno de los “descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo veinte”. Ubicado en lo que hoy es el sudeste de Turquía, es un sitio donde se halló una enorme colección de arquitectura, herramientas y artefactos simbólicos de un período de transición entre la población de recolectores-cazadores y los habitantes que se dedicaron a la agricultura en la región. Pero lo más alarmante tal vez era que había muchos huesos fragmentados y dispersos en el lugar, lo que hizo que los primeros investigadores pensaran que allí habían sucedido cosas macabras.

En 2017, un equipo del que formaban parte Gresky y Clare encontró una gran cantidad de huesos humanos fragmentados con marcas de cortes artificiales. Hallaron cuatro tipos de modificaciones “hasta entonces desconocidas en sitios contemporáneos y en el registro etnográfico”, según el estudio de 2017.

Había tres fragmentos tallados; un fragmento tenía un agujero que parecía producido por un taladro en un cráneo. Y en otro fragmento el equipo encontró restos de ocre.
La conclusión fue que en Göbekli Tepe había una “secta de los cráneos”, un grupo de humanos cuyos rituales religiosos tenían que ver con “tratamientos” que se encontraban en muchos cráneos. Si era cierto, la secta tenía que haber también dispersado los fragmentos de los huesos por todas partes, según esta teoría.
“Surgió así el relato de que era un sitio de rituales al que acudían una vez al año los recolectores-cazadores nómades, y luego se iban», le dijo a Science Scott Haddow, bioarqueólogo de la Universidad de Turín, que no participó de la nueva investigación.
Una perspectiva distinta
Pero las investigaciones continuaron y el relato empezó a caer. Por ejemplo, Clare participó de un estudio de 2020 que indicó que Göbekli Tepe no era una parada temporaria sino una aldea más permanente con un espacio ritual en el centro. Los hallazgos más recientes respaldan esta idea. El equipo encontró “evidencia indiscutible” de que en Göbekli Tepe había un asentamiento permanente.

Además, las sepulturas que se hallaron últimamente eran consistentes con las prácticas fúnebres que se conocen de esa época en que la gente enterraba a sus muertos cerca de sus viviendas. Eso hace que aparezca la posibilidad de que los huesos dispersos fueran de personas que se sepultaron normalmente pero cuyos restos salieron de las tumbas debido a un deslizamiento de tierra u otro suceso similar de erosión, concluye el equipo.
Sin embargo, estos hallazgos no cambian el hecho de que los aldeanos de Göbekli Tepe tallaban los huesos de los muertos, aunque lo que se sabe ahora es que no se trataba de algo extremo.
“Es universal la obsesión por los cráneos en el neolítico, pero cuando empiezas a mirar en detalle, ves que aquí hacían las cosas un tanto diferente”, explicó el arqueólogo.