Todo comenzó en mayo, cuando las autoridades ecuatorianas recuperaron cuatro iguanas de Galápagos que se encontraban retenidas ilegalmente en una vivienda cercana a Guayaquil, la ciudad más grande del país sudamericano.
Antes de que terminara el mes, la policía ecuatoriana interceptaría más de una docena de iguanas marinas de Galápagos, una especie protegida, en el aeropuerto Joaquín de Olmedo de la ciudad portuaria. Unos contrabandistas tailandeses las habían escondido en bolsos y envuelto en medias de nailon, con sus pequeñas extremidades atadas para impedir que se movieran.
Después, en agosto, se descubrieron otros 32 ejemplares en la maleta de un ciudadano ruso. Esta escalada del tráfico ilegal ha despertado la preocupación de científicos ambientales, criminólogos y conservacionistas, que temen que la creciente presión termine llevando a esta especie vulnerable al límite de su supervivencia.
Ahora, en una carta publicada en la revista Science, el ecotoxicólogo marino Juan José Alava y sus colegas han advertido que la combinación del aumento del tráfico ilegal y las consecuencias ecológicas de El Niño durante este año podría poner seriamente en peligro la supervivencia de estas iguanas.
«Las poblaciones de iguanas marinas ya se enfrentan a amenazas como los vertidos químicos y la contaminación por plásticos», explicó Alava en un comunicado de la Universidad Simon Fraser, donde ejerce como profesor. «Y ahora este extraño aumento del tráfico para abastecer el mercado de mascotas exóticas está ocurriendo al mismo tiempo que el super El Niño está acabando con las macroalgas de la zona intermareal».
«Esas macroalgas», añadió Alava, «son la principal fuente de alimento de las iguanas».

Un problema de grandes dimensiones
Los científicos saben desde hace al menos una década que los episodios de El Niño, independientemente de su intensidad, pueden afectar negativamente a la vida vegetal acuática del océano Pacífico.
Las concentraciones de clorofila-a observadas desde el espacio han confirmado la teoría de que el aumento de las temperaturas superficiales del océano asociado a El Niño puede reducir el afloramiento natural de aguas profundas, más frías y ricas en nutrientes, de las que dependen para alimentarse organismos como las macroalgas intermareales y el fitoplancton.
En condiciones normales, las iguanas marinas de Galápagos buscan algas entre las rocas de las aguas poco profundas que rodean las costas del archipiélago.
Aunque estos reptiles pueden sumergirse hasta 12 metros de profundidad y aguantar la respiración durante una hora, la especie sencillamente «no puede nadar largas distancias en mar abierto para buscar alimento», como señaló Washington Tapia, director de Galápagos Conservancy, durante el episodio de El Niño de 2023.
«Ya están reduciendo su tamaño y sufriendo una mortalidad masiva, ya sea por inanición o por intentar nadar distancias cada vez mayores en busca de alimento», advirtió Alava.
«Esta especie ya es muy vulnerable al cambio climático. Escribimos esta carta para llamar la atención sobre la amenaza adicional que representa el tráfico ilegal».
Criminales de sangre fría
Alava y sus coautores, entre quienes se encuentra Gohar Petrossian, profesora de Justicia Penal e investigadora de delitos contra la fauna silvestre en el John Jay College of Criminal Justice de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), centraron su llamamiento en las fuerzas de seguridad, cuyos esfuerzos presentan, según los investigadores, importantes deficiencias.
Aunque la mayoría de las subespecies de iguana marina de Galápagos reconocidas localmente están protegidas por la legislación ecuatoriana, los casos más recientes han demostrado que los contrabandistas que abastecen el comercio de mascotas exóticas están consiguiendo eludir los controles ambientales establecidos alrededor de la Reserva Marina de Galápagos.
Y los problemas se multiplican cuando las organizaciones criminales internacionales consiguen sacar estos reptiles del país, pese a la estricta prohibición de su comercio impuesta por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).
«Los traficantes blanquean el origen de las iguanas marinas mediante documentos falsificados y aprovechando las lagunas del proceso de concesión de permisos CITES en Uganda, Suiza, Malí y Japón», escribieron Alava y sus coautores en su carta a Science.
«Por ejemplo, en Malí o Uganda, iguanas de Galápagos capturadas en estado salvaje han sido declaradas falsamente como «criadas en cautividad» para obtener permisos CITES».
Los investigadores señalaron que ninguno de estos cuatro países cuenta siquiera con un centro autorizado para la cría en cautividad de estos animales.
Alava, Petrossian y sus colegas añadieron que sospechan que las presiones económicas mundiales han empujado a comunidades pesqueras empobrecidas de Galápagos y de la costa ecuatoriana a colaborar, aunque sea a regañadientes, con las redes internacionales de tráfico de fauna.
Por ello, consideran que, para conseguir resultados reales, las autoridades ecuatorianas deberán «combatir enérgicamente el crimen organizado y llevarlo ante la justicia, además de proporcionar apoyo económico y alternativas de subsistencia sostenibles a las comunidades costeras», concluyeron.