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Ciencia

Los coleccionistas tienen más fósiles de T. Rex que los científicos

Más de la mitad de los fósiles de T. Rex científicamente útiles están en manos de individuos o emprendimientos comerciales, y la ciencia no accede a ellos.
Por Isaac Schultz Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Tal vez el dinosaurio más famoso que haya pisado la Tierra sea el Tyrannosaurus rex, pero en estos días, es el foco de un problema muy moderno: el comercio de fósiles de lujo.

Según un estudio publicado en Palaeontologia electrónica, el coleccionismo comercial de fósiles ha acaparado tantos ejemplares de T. rex que la ciencia se ve impedida de estudiarlos y registrar sus hallazgos.

Este trabajo arroja estadísticas que preocupan: de los 141 fósiles científicamente útiles de T. rex que se sabe existen, más de la mitad – 71  – están en manos privadas o comerciales en lugar de hallarse en museos públicos o instituciones de investigación acreditadas. Es un problema importante porque en la ciencia la replicabilidad lo es todo. Incluso si los investigadores han estudiado un fósil, su valor científico cae si no pueden acceder a él otros investigadores en el futuro. Si un fósil está guardado en la mansión de un coleccionista, por ejemplo, no podrán estudiarlo ni confirmar hallazgos, ni probar nuevas hipótesis o añadir datos a lo que ya se conoce.

No se trata de un problema menor. Desde que se subastó “Sue” el T. rex en 1997 por U$ 8,36 millones, los fósiles de T. rex se convirtieron en los Picassos del mundo d ela paleontología. Son piezas de arte de alto nivel, que se subastan por millones de dólares. En 2020, Christie’s subastó a Stan, uno de los esqueletos de T. rex más completos que se hayan encontrado, por la suma récord de U$ 31,8 millones, y lo adquirió un museo de Abu Dhabi. Ese tipo de precios hace que los fósiles de T. rex queden fuera del alcance de la mayoría de los museos a menos que intervenga un donante filantrópico (que, seamos sinceros, es algo infrecuente).

Es como una competencia

El año pasado Stan perdió su título de fósil más caro del mundo cuando el multimillonario Ken Griffin compró por U$ 44,6 millones el fósil de Estegosaurio apodado “Apex”; Griffin le prestó a Apex al Museo de Historia Natural de Nueva York, donde se exhibe actualmente. Pero de los cinco fósiles de T. rex vendidos en la subasta, solamente uno (Sue) fue adquirido por un museo.

Los coleccionistas comerciales de fósiles se defienden diciendo que rescatan a los especímenes de la erosión, y que descubren más fósiles que las instituciones públicas. Técnicamente, tienen razón: el paleontólogo Thomas D. Carr, autor del trabajo de investigación, halló que desde la década de 1990 el comercio de fósiles descubrió casi 2,4 veces más especímenes de T. rex que las instituciones públicas. Sin embargo, solo el 11% de los fósiles descubiertos comercialmente están en fideicomisos públicos donde la ciencia realmente puede utilizarlos. El resto queda en salas de estar, en depósitos donde aumentarán su valor, o sirven a otros intereses diferentes a la ciencia.

Lo peor es que muchos de los fósiles que se compran son científicamente muy valiosos: juveniles o subadultos, lo que conforma la fase menos entendida del desarrollo del T. rex. El veinte por ciento de los fósiles en manos privadas caben en esta categoría, según Carr. Sin acceso a estos especímenes la ciencia no puede formar una imagen confiable de cómo es que crecía el T. rex, cómo maduraba o incluso exhibía dimorfismo sexual (diferencias entre machos y hembras). Según estudios previos, se requieren entre 70 y 100 especímenes de dinosaurios adultos no aviarios para medir la probabilidad de dimorfismo sexual en una población, si es que se desea un alto grado de certeza.

¿Donaciones?

El trabajo de Carr también evalúa la tendencia de la publicación de estudios de expertos, que se basan en fósiles que son propiedad privada, lo que daría legitimidad científica a datos que no son accesibles. Aunque los defensores del mercado argumentan que eventualmente los fósiles acabarán en los museos, los datos de Carr no muestran lo mismo: solo una diminuta fracción de los fósiles de T. rex en manos de privados, se han donado o vendido a instituciones públicas.

“Hasta ahora, los propietarios privados de fósiles de T. rex no han donado ni ofrecido especímenes a fideicomisos públicos. Pero todavía no ha pasado tiempo suficiente para saber si este pasaje de fósiles de T. rex  de manos privadas a públicas podrá suceder o convertirse en tendencia”.

El T. rex se ha extinguido hace mucho tiempo pero en términos científicos, sus fósiles se están convirtiendo en especie en riesgo de extinción.  A menos que comprendamos que el conocimiento científico es una prioridad mayor que el valor del dólar, la ciencia del T. rex podría correr el mismo riesgo que el dinosaurio real.

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