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Ciencia

Más del 70% de los lagos en retroceso: Turquía muestra el verdadero rostro de la crisis climática

Más de la mitad de los lagos de Turquía han desaparecido en apenas seis décadas. El colapso del lago Mármara es solo el síntoma visible de una crisis hídrica global impulsada por el cambio climático, la sobreexplotación del agua y una gestión insostenible que amenaza ecosistemas y sociedades enteras.
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Durante años, Turquía fue considerada una región rica en recursos hídricos continentales. Hoy, esa percepción ha quedado obsoleta. La desaparición acelerada de lagos en todo el país, incluida la casi total evaporación del lago Mármara, refleja un proceso silencioso pero devastador. La ciencia advierte que lo que ocurre en Turquía no es una excepción, sino un anticipo de una crisis global del agua dulce.

El lago Mármara: del humedal vivo al lecho seco

El lago Mármara, situado en el oeste de Turquía, fue durante décadas un ecosistema clave para aves migratorias, pesca local y regulación climática regional. En pocos años, su superficie se redujo de forma drástica hasta quedar prácticamente seca.

Según diversos estudios, su desaparición no responde a una única causa. Sequías más frecuentes, temperaturas en aumento y una intensa extracción de agua para riego agrícola han actuado de forma simultánea. A ello se suman presas y canales que alteraron el equilibrio natural de la cuenca, impidiendo su regeneración.

Más de la mitad de los lagos, en retroceso

El caso de Mármara no es aislado. Informes recientes indican que más del 50% de los lagos de Turquía han disminuido drásticamente de tamaño o han desaparecido en los últimos 60 años. Algunos análisis elevan esa cifra hasta el 70%.

La expansión de cultivos de alto consumo hídrico, junto con políticas de gestión del agua poco adaptadas al nuevo escenario climático, ha acelerado una degradación que afecta tanto a ecosistemas naturales como a comunidades rurales que dependen directamente de estos recursos.

Sequías extremas: una tendencia planetaria

La situación turca encaja en un patrón global. Informes de Naciones Unidas identifican focos de sequía severa entre 2023 y 2025 en África, el Mediterráneo, América Latina y Asia. Estas sequías son más intensas, más prolongadas y más frecuentes que en décadas anteriores.

El aumento de la temperatura global incrementa la evaporación y reduce la humedad del suelo, dificultando la recarga natural de lagos y acuíferos. Incluso regiones históricamente húmedas comienzan a sufrir déficits persistentes de agua dulce.

Consecuencias sociales y riesgos futuros

La pérdida de lagos no es solo un problema ambiental. Reduce la producción de alimentos, encarece el agua, degrada los suelos y aumenta el riesgo de desplazamientos forzados. En algunos países, la escasez hídrica ya se traduce en crisis energéticas y conflictos por el acceso al agua.

Los expertos advierten de que, sin cambios estructurales urgentes, estos procesos podrían intensificarse y convertirse en un factor de inestabilidad geopolítica.

¿Aún hay margen de actuación?

La ciencia señala que parte del daño aún puede mitigarse. La restauración de humedales, la modernización de sistemas de riego, la protección de acuíferos y una gestión más eficiente del agua pueden mejorar la resiliencia frente a la sequía.

Sin embargo, el mensaje es claro: el tiempo se agota. Lo que hoy ocurre en Turquía es una advertencia temprana de un futuro marcado por la escasez de agua dulce si no se actúa con rapidez y decisión.

Fuente: Meteored.

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