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Nike tambalea ante los aranceles de Trump: El costo de producir en Vietnam ya no es sostenible

Nike, símbolo global del calzado deportivo, enfrenta su mayor reto logístico en años: los aranceles estadounidenses amenazan con disparar costos, frenar ventas e imponer decisiones difíciles sobre su producción. La marca, atrapada entre Asia y EE.UU., podría estar a punto de redibujar su estrategia comercial global.

Primero fue Nintendo. Ahora, Nike. La política arancelaria del presidente Donald Trump ha vuelto al centro del escenario, y esta vez sus consecuencias amenazan con alterar de forma estructural la industria del calzado deportivo. Con Vietnam como piedra angular de su producción y tarifas que podrían alcanzar el 46%, Nike se enfrenta a un golpe económico difícil de absorber sin consecuencias visibles para el consumidor.

Una estructura de producción bajo amenaza

Nike tambalea ante los aranceles de Trump: el costo de producir en Vietnam ya no es sostenible
© iStock.

Nike no es ajena a la fabricación asiática. De hecho, según Benzinga, el 50% de su calzado proviene directamente de Vietnam. El resto se divide entre países como China e Indonesia, ambos también en el radar de los nuevos aranceles, con tarifas del 34% y 32%, respectivamente.

La compañía ha apostado durante décadas por una estrategia de producción eficiente y de bajo costo en Asia. Pero esa lógica se ve ahora trastocada por el nuevo marco impositivo estadounidense que podría hacer inviable continuar por esa vía sin ajustar precios o márgenes.

La respuesta inmediata: caída bursátil y alerta roja en Wall Street

El impacto no se hizo esperar. Tras el anuncio de los aranceles recíprocos, las acciones de Nike se desplomaron un 14.44%, reflejando la alarma entre inversores. El efecto contagio alcanzó también a otras marcas como Lululemon (−9.28%) y Adidas, que también depende en gran medida de la manufactura vietnamita (39%).

En total, Wall Street perdió cerca de 2 billones de dólares en valor de mercado. Un golpe que no solo afecta a las empresas implicadas, sino que resquebraja la confianza de los mercados en la estabilidad de las cadenas de suministro globales.

¿Producción nacional? Ni pensarlo, dice Peter Schiff

Una de las preguntas recurrentes tras este tipo de medidas es si las marcas afectadas optarán por «regresar» la producción a Estados Unidos. Pero según el economista Peter Schiff, eso no está ni cerca de ser viable en el caso de Nike: «Nike no construirá fábricas en EE.UU. para fabricar zapatillas. Eso añadiría un coste mayor que los aranceles del 40%.»

En lugar de relocalizar, la compañía podría inclinarse por reorientar su enfoque comercial. Según Schiff, esto implicaría dirigir más productos hacia Asia, donde los consumidores todavía pueden permitirse sus precios, mientras los estadounidenses verían menos modelos disponibles y a precios mucho más altos.

La reestructuración de la cadena de suministro no es tan simple

A pesar de la presión, mover la producción de Nike fuera de Asia no es una operación que se haga de la noche a la mañana. El cambio de fábricas, la creación de nuevas relaciones logísticas, y la búsqueda de mano de obra calificada en otras regiones es un proceso lento, caro y lleno de riesgos.

De hecho, Goldman Sachs ha identificado a Nike como una de las compañías más expuestas a los nuevos aranceles, algo que podría traducirse en una pérdida competitiva frente a rivales con estructuras más diversificadas o menos expuestas a Asia.

Nike, en desventaja frente a la competencia

Nike tambalea ante los aranceles de Trump: el costo de producir en Vietnam ya no es sostenible
© iStock.

La caída bursátil también resalta un problema de fondo: la pérdida de terreno frente a marcas competidoras. Según datos de Benzinga Edge, Nike muestra una tendencia bajista tanto a corto como a largo plazo. Actualmente se encuentra detrás de firmas como:

  • Columbia Sportswear

  • Under Armour

  • Skechers

  • VF Corp

  • On Holding AG

  • Lululemon

En un mercado donde la percepción de agilidad y adaptación pesa cada vez más, Nike podría ver erosionada su posición dominante si no reacciona con rapidez.

¿Qué puede hacer Nike?

Nike está entre la espada de los costos y la pared de los aranceles. Construir fábricas en Estados Unidos no es viable. Diversificar más allá de Asia es costoso y lento. Y subir precios puede alejar a sus consumidores clave.

La empresa enfrenta un dilema estructural: rediseñar su cadena de suministro global o arriesgarse a perder competitividad en su propio país. De momento, los aranceles son una señal de alerta que no solo afecta a Nike, sino al modelo de negocio de buena parte de la industria global. La pregunta ya no es si habrá consecuencias, sino cuán profundas serán.

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