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«Nos convertimos en presa»: El país que decide el exterminio de una especie en peligro de extinción

Eslovaquia ha tomado una decisión extrema que cambiará para siempre el equilibrio natural de sus bosques. Una amenaza silenciosa, cifras que no alarman... y aun así, una medida drástica.

En el corazón de Europa, una resolución gubernamental ha desatado una tormenta de críticas y desconcierto. Bajo la justificación de proteger a la ciudadanía, un país ha aprobado la eliminación masiva de una especie emblemática que lucha por sobrevivir. Las estadísticas parecen no justificar tal acción, y sin embargo, la maquinaria ya está en marcha. ¿Estamos frente a un peligro real o a una caza impulsada por el miedo?

Un país en estado de emergencia y una medida sin precedentes

El gobierno de Eslovaquia ha declarado el estado de emergencia en todo el país tras un trágico suceso ocurrido en Detva, en el centro del territorio: un hombre de 59 años perdió la vida en un ataque de oso pardo. Aunque la cifra pueda parecer anecdótica —solo dos muertes en 25 años—, las autoridades consideran que la situación ha llegado a un punto crítico.

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© Body Stock

El primer ministro, Robert Fico, líder de extrema derecha, defendió la medida con contundencia: “No podemos vivir en un país donde las personas teman adentrarse en los bosques, y donde los humanos se conviertan en alimento para los osos.” Según él, el comportamiento de los plantígrados ha cambiado, y los ataques se han vuelto más frecuentes e impredecibles, incluso durante los meses en los que deberían hibernar.

Un crecimiento en los encuentros… ¿o una percepción distorsionada?

El ministro de Medio Ambiente, Tomáš Taraba, reforzó la postura del Ejecutivo con cifras que muestran un aumento significativo en los encuentros con osos: en 2020 se reportaron unos 650 incidentes, mientras que en 2023 esa cifra ascendió a 1.900. “El incremento es claro y sostenido”, afirmó Taraba, dejando entrever que la convivencia entre humanos y osos se ha vuelto insostenible.

Sin embargo, los datos sobre ataques a personas dibujan otro panorama. En los últimos 25 años, se han registrado 108 ataques, lo que equivale a poco más de cuatro incidentes por año. De ellos, solo dos fueron fatales: el reciente caso en Detva y otro ocurrido en octubre, en el norte del país. Si bien ha habido heridos y momentos de tensión en diversas comunidades, las cifras no evidencian una crisis de seguridad pública.

La estrategia: reducir para controlar, aunque signifique eliminar

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© Erik Mandre

La medida más polémica del plan eslovaco contempla la eliminación de 350 osos pardos, lo que reduciría su población a aproximadamente 800 ejemplares. Esta cifra se basa en estimaciones de estudios checos realizados hace seis años, aunque muchos expertos consideran que los datos actuales podrían diferir significativamente.

Según el Ejecutivo, mantener una población de 800 osos sería “suficiente” para garantizar la viabilidad de la especie en el país. Pero la ejecución de este plan no estará en manos de cazadores, sino de equipos de emergencia autorizados, y se prohibirá el uso de cebos durante todo el estado de emergencia.

Desde el año 2000, ya han sido sacrificados 604 osos en Eslovaquia por diferentes causas: desde disparos directos hasta accidentes de tráfico, envenenamientos o enfrentamientos entre los propios animales. Solo en 2024, 144 ejemplares han muerto, marcando un triste récord.

El rechazo ambientalista y las alternativas ignoradas

Organizaciones como Greenpeace Eslovaquia y otras entidades conservacionistas han condenado firmemente la decisión del gobierno. Acusan a las autoridades de ignorar las recomendaciones científicas y de poner en serio riesgo la biodiversidad del país. Según estas agrupaciones, los conflictos con los osos suelen estar más vinculados con la mala gestión de residuos y alimentos que con una amenaza real por parte de los animales.

Las ONG proponen soluciones no letales para gestionar la convivencia, como sistemas de disuasión, educación comunitaria, control del acceso a la comida y medidas de prevención más eficaces. Pero estas alternativas, más sostenibles a largo plazo, han sido relegadas en favor de una estrategia de “solución rápida” que podría tener consecuencias irreversibles.

El debate está servido: ¿es esta una reacción desmedida ante un problema gestionable, o un acto necesario para evitar futuros peligros? Lo cierto es que, con cada oso abatido, se pierde más que un animal: se erosiona el delicado vínculo entre el ser humano y la naturaleza.

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