Un 2025 que confirma la tendencia: la capa de ozono sigue sanando
El agujero de ozono antártico alcanzó un máximo de 22,86 millones de km², una cifra enorme pero muy por debajo de los valores extremos de principios de siglo. Según NOAA y NASA, este comportamiento no es un hecho aislado: forma parte de una recuperación sostenida atribuida al Protocolo de Montreal y a una atmósfera más estable durante la temporada fría.
El agujero también empezó a cerrarse tres semanas antes de lo habitual, un indicador clave de que la dinámica estratosférica fue menos favorable a la destrucción del ozono. La química del vórtice polar —temperaturas, estabilidad y formación de nubes estratosféricas polares— fue notablemente menos agresiva en comparación con años recientes.
Por qué 2025 marcó un avance tan notable
Los especialistas destacan que el vórtice polar estuvo menos intenso, lo que permitió temperaturas ligeramente más altas en la estratosfera antártica. Esto redujo la cantidad de nubes estratosféricas polares, esenciales para activar el cloro y el bromo que destruyen el ozono cuando llega la luz solar.
- Valor mínimo en 2025: 147 Unidades Dobson (6 de octubre)
- Valor mínimo histórico (2006): 92 UD
La diferencia es significativa: valores más altos indican menos destrucción química y mayor presencia de ozono en la estratosfera.
Los científicos insisten en que la variabilidad interanual sigue siendo grande, pero la combinación entre meteorología favorable y disminución de compuestos dañinos refuerza una conclusión inequívoca: la recuperación avanza de forma coherente y persistente.
La ciencia detrás de la recuperación: el legado del Protocolo de Montreal
Desde 1987, el Protocolo de Montreal limitó los CFC, halones y otros químicos industriales responsables del agotamiento del ozono. Dos décadas después, los satélites muestran una caída sostenida en el cloro estratosférico, la variable crítica que determina la velocidad a la que se destruye el ozono cada primavera.
Estudios de la OMM y NOAA proyectan que:
- Las latitudes medias y el Ártico podrían recuperar niveles pre-1980 hacia mediados del siglo XXI.
- La Antártida, más afectada, alcanzaría esa recuperación cerca de 2065–2070.
Los riesgos emergentes: una recuperación que aún puede frenarse
A pesar de los avances, los investigadores advierten sobre sustancias no reguladas como el diclorometano, cuyo uso industrial crece. Aun siendo de vida corta, puede alcanzar la estratosfera y liberar cloro reactivo capaz de ralentizar la recuperación.
Por eso, la comunidad científica insiste:
el monitoreo continuo es imprescindible para evitar retrocesos y asegurar que las próximas décadas consoliden la restauración total del escudo que protege toda la vida en la Tierra.
Fuente: Meteored.