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Ciencia

Parece una idea absurda hasta que entiendes cómo funciona y por qué tiene sentido. Están hundiendo esferas gigantes de hormigón en el fondo del mar para usarlas como baterías capaces de almacenar energía renovable durante décadas

Un proyecto alemán que ahora se prueba en California propone usar esferas de hormigón sumergidas como sistemas de almacenamiento energético. Aprovechan la presión del océano para generar electricidad bajo demanda, con costes bajos, larga vida útil y una eficiencia comparable a otras soluciones actuales.
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A primera vista, no tiene mucho sentido: fabricar enormes bolas de hormigón y dejarlas en el fondo del mar. Pero cuando se entiende el mecanismo, la idea deja de parecer extraña y empieza a resultar bastante lógica. En un momento en el que el gran problema de las energías renovables es el almacenamiento, este sistema propone algo distinto: usar el propio océano como batería.

Una batería que no almacena electricidad, sino presión

Parece una idea absurda hasta que entiendes cómo funciona. Están hundiendo esferas de hormigón en el mar para usarlas como baterías gigantes
© sperra.

El proyecto StEnSea, desarrollado por el Instituto Fraunhofer, parte de un concepto simple pero poco intuitivo. Las esferas de hormigón están huecas y se instalan a cientos de metros de profundidad. Allí, la presión del agua es enorme. Y esa presión es la que se convierte en energía.

Cuando hay excedente de electricidad (por ejemplo, en horas de sol o viento), el sistema utiliza esa energía para extraer el agua del interior de la esfera. El resultado es una especie de vacío rodeado por una enorme presión externa. Esa diferencia queda “almacenada”. No como electricidad directa, sino como potencial físico.

El momento clave: cuando el agua vuelve a entrar

Cuando la red necesita energía, el proceso se invierte. Se abre una válvula y el agua entra con fuerza en la esfera debido a la presión del entorno. En ese movimiento, atraviesa una turbina que genera electricidad.

Es un sistema reversible, relativamente simple y con pocas piezas críticas. Y ahí está parte de su atractivo.

Coste bajo, larga vida útil y eficiencia competitiva

Parece una idea absurda hasta que entiendes cómo funciona. Están hundiendo esferas de hormigón en el mar para usarlas como baterías gigantes
© Hochtief.

Los números son lo que empieza a convertir esta idea en algo serio. La eficiencia del sistema se sitúa entre el 75% y el 80%, comparable a otras soluciones de almacenamiento. Pero su gran ventaja está en el coste: unos 0,046 € por kWh. A eso se suma una vida útil estimada de entre 50 y 60 años.

Las esferas apenas requieren mantenimiento estructural. Solo los componentes mecánicos (válvulas, turbinas) necesitan reemplazo periódico. En un sector donde el coste y la durabilidad lo son todo, eso marca diferencias.

De un lago alemán al océano de California

El concepto ya fue probado en el lago Constanza con resultados positivos. El siguiente paso es escalar. Primero con una esfera de 9 metros en las costas de California. Después, con versiones de hasta 30 metros de diámetro, lo que multiplicaría por 27 la capacidad de almacenamiento.

La idea final no es instalar una sola unidad, sino crear auténticos parques submarinos. Infraestructuras invisibles desde la superficie, pero clave para sostener la red eléctrica.

El eslabón que le faltaba a las renovables

Parece una idea absurda hasta que entiendes cómo funciona. Están hundiendo esferas de hormigón en el mar para usarlas como baterías gigantes
© sperra.

El gran problema de la energía solar o eólica no es generarla. Es guardarla. Qué hacer con ese excedente cuando no se necesita, y cómo recuperarlo cuando sí.

Este sistema encaja especialmente bien en ese punto. No depende de materiales raros, no implica riesgos químicos y aprovecha algo que ya está ahí: la presión del océano.

Una solución simple para un problema complejo

No todas las innovaciones pasan por materiales exóticos o tecnologías futuristas. A veces, la clave está en mirar algo conocido (como el fondo del mar) y darle un uso completamente distinto. Estas esferas de hormigón no van a reemplazar todas las baterías.

Pero sí apuntan a algo importante. Que el futuro del almacenamiento energético puede ser mucho más físico… y mucho menos evidente de lo que imaginábamos.

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