Saltar al contenido
Ciencia

Perdido hace 66 años, sus restos aparecen al derretirse un glaciar

Cuando el colega de Dennis Bell quiso sacarlo del pozo de hielo con una soga, ésta se rompió y la segunda caída significó su muerte.
Por Margherita Bassi Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

En 1959 Dennis Bell, meteorólogo de 25 años, desapareció en una grieta glaciar en la Antártida ante los ojos de su aterrado colega. Ahora, 66 años después, un equipo polaco descubrió sus restos gracias al derretimiento de un glaciar.

El personal de la ESttación Antártica Polaca Henryk Arctowski, en la isla King George [25 de mayo para Argentina, Waterloo para Rusia] en la Antártida, encontró y recuperó parte de los restos en el Glaciar Ecológico en enero, según declara la Oficina de la Antártida Británica (BAS, en inglés). El mes siguiente un equipo compuesto por un arqueólogo, un geomorfólogo, un antropólogo y un glaciólogo regresaron al sitio para poder analizarlo desde un punto de vista más arqueológico. Denise Sydercombe Court, genetista forense del King’s College de Londres, llevó a cabo análisis de ADN de los restos humanos, que fueron compatibles con muestras del hermano y la hermana de Bell.

“Cuanto nos notificaron a mi hermana Valerie y a mí de que habían encontrado a nuestro hermano Dennis después de 66 años, quedamos impactados, asombrados”, dijo David Bell. “El Fideicomiso de Monumentos Antárticos Británicos, y la Oficina Antártica Británica, nos han apoyado mucho, junto con la sensibilidad del equipo polaco, y lo trajeron de regreso. Eso nos ayudó a cerrar la herida de su trágica pérdida. Nuestro hermano era brillante”.

El accidente que marcó una tragedia en la Antártida

Dennis Bell se había sumado como meteorólogo a la Oficina de Dependencias de las Islas Malvinas (Falkland) en 1958. Al momento del accidente estaba en Admiralty Bay, una base británica de la Isla King George [25 de mayo para Argentina, Waterloo para Rusia], que está a unos 120 kilómetros de la costa norte de la península antártica, casi permanentemente cubierta de glaciares. El 26 de julio de 1959, en medio del invierno del hemisferio sur, Bell y tres colegas subieron con trineos de perros hasta el glaciar para sus trabajos de campo.

El grupo se dividió en parejas, y Bell y el supervisor Jeff Stokes partieron antes que los demás. Durante el ascenso Bell se adelantó al trineo sin sus esquíes para alentar a los perros cansados, y desapareció en una grieta. Había sobrevivido a la caída, y Stokes le tiró una soga para poder rescatarlo Pero Bell se ató la soga al cinturón, y no a la cintura. Cuando llegó al borde de la grieta, se atascó, el cinturón se rompió, y él volvió a caer. Esta vez, perdió la vida.

Un libro de Vivian Fuchs, ex directora del BAS, titulado Of Ice and Men [De hielo y hombres], describe el suceso como “fatalidad particularmente trágica que uno siente que jamás tendría que haber pasado y por eso es doblemente dolorosa”, según citan las declaraciones.

Los investigadores descubrieron sus restos, junto con más de 200 ítems personales como los restos del equipo de radio, bastones de esquí, una linterna, un reloj pulsera con inscripción, y una navaja suiza. En la isla, Bell Point ha sido nombrada en homenaje a él.

“Aunque se perdió en 1959, su recuerdo sigue vivo en sus colegas y en el legado de la investigación polar”, dice la directora del BAS Jane Francis. “Este descubrimiento trae un cierre a un misterio de décadas y nos recuerda las historias humanas que han quedado grabadas para siempre en la historia de la ciencia antártica”.

Compartir esta historia

Artículos relacionados