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Ciencia

Polluelos del Cretácico en Alaska: las aves ya anidaban en el Ártico junto a los dinosaurios

Un hallazgo en la Formación Prince Creek de Alaska reveló fósiles de polluelos de hace 73 millones de años. El estudio demuestra que las aves ya criaban en el Ártico en plena era de los dinosaurios. Este descubrimiento redefine el origen de la migración polar y las adaptaciones evolutivas de los ancestros de las aves modernas.
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Un equipo internacional de paleontólogos identificó diminutos fósiles de aves en el norte de Alaska, los más antiguos vinculados a la reproducción en latitudes polares. El descubrimiento, publicado en Scientific American, demuestra que las aves anidaban en el Ártico hace 73 millones de años, cuando aún convivían con los dinosaurios. Los restos de polluelos aportan evidencia de que la migración hacia estas regiones extremas es un comportamiento mucho más antiguo de lo que se creía.


Aves que desafiaron al Cretácico

Los fósiles corresponden a orniturinos, el grupo de aves más cercano a las actuales. Presentaban un esternón con quilla para un vuelo potente, un hombro adaptado a un rango amplio de alas y un alula que facilitaba el control en el aire. Estas innovaciones anatómicas los distinguían de otros linajes como los enantiornítidos, ausentes en Alaska, probablemente por sus limitaciones reproductivas y vulnerabilidad al frío.


Migración ancestral y ecosistemas polares

La presencia de polluelos confirma que estas aves no solo llegaban, sino que completaban su ciclo reproductivo en condiciones extremas. El Ártico, como hoy, ofrecía ventajas durante el verano: luz solar continua, abundancia de insectos, vegetación y peces. Estos recursos transformaban la región en un refugio estacional, con un papel crucial en la dinámica ecológica y la evolución de las aves migratorias.


Desafíos de la paleontología en el Ártico

El equipo liderado por Patrick Druckenmiller y Gregory Erickson tardó más de una década en reunir los más de 50 huesos y dientes hallados cerca del río Colville. Trabajar en esa latitud implica temperaturas de hasta –45 °C, lluvias constantes, nubes de mosquitos y la amenaza de grandes mamíferos. Una anécdota de campo ilustra el riesgo: una investigadora confundió un buey almizclero con un oso al acercarse al campamento.


Futuras líneas de investigación

Los científicos planean usar análisis de isótopos estables en huesos y dientes para determinar si las aves eran residentes o migratorias estacionales. Esta técnica permitiría reconstruir sus hábitos alimenticios y desplazamientos, aunque todavía requiere calibrar factores biológicos. Lo cierto es que estos polluelos del Cretácico confirman que la estrategia migratoria hacia el Ártico tiene raíces profundas y que las adaptaciones que permitieron sobrevivir entonces siguen vigentes en las aves modernas.

Fuente: Infobae.

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