Los sueños han sido objeto de fascinación desde Freud hasta Harvard. Algunos los recuerdan con total nitidez; otros despiertan con la sensación de vacío. ¿Qué determina esa diferencia? La ciencia señala que soñar es inevitable, pero recordar depende de múltiples factores: desde la actividad cerebral hasta bloqueos emocionales. Esta aparente fragilidad de la memoria onírica puede aportar valiosas pistas sobre nuestro equilibrio mental y la forma en que procesamos deseos, tensiones y experiencias.
El misterio de no recordar los sueños
Según los expertos, todos soñamos cada noche, sobre todo en la fase REM. Lo que cambia es la capacidad de recordar. Para el psicoanalista Gabriel Lombardi, la creencia de que hay personas que no sueñan es falsa: lo habitual es no guardar memoria del contenido. Estudios muestran que si se despierta a alguien en plena fase REM, la mayoría confirma que estaba soñando.

Freud y el valor del inconsciente
El psicoanálisis ha considerado siempre al sueño como una ventana al inconsciente. Freud lo describió como “el guardián del dormir” y sostuvo que en él se expresan deseos y conflictos reprimidos. Para la doctora Alejandra Gómez, el relato onírico contiene un nivel manifiesto —lo que recordamos— y otro latente, ligado a tensiones ocultas. Analizar estos símbolos permite elaborar emociones reprimidas y enriquecer la vida psíquica.
Lo que revela soñar mucho, poco o nada
El psiquiatra Diego López de Gomara advierte que soñar o no recordarlo refleja más que una cuestión de cantidad: puede indicar bloqueos, depresión o una evitación inconsciente. En cambio, soñar en exceso puede ser señal de un trabajo interno intenso frente a tensiones. Detenerse en el contenido, incluso fragmentario, aporta una vida interior más rica y previene que los conflictos emerjan de forma descontrolada en la vigilia.

Harvard y la neurociencia del recuerdo onírico
La ciencia moderna aporta otra perspectiva. Investigadores de Harvard explican que recordar depende del momento del despertar: si ocurre durante la fase REM y sin distracciones, es más probable retener el sueño. Robert Stickgold y Deirdre Barrett señalan que la memoria onírica es extremadamente frágil: basta con levantarse rápido para olvidarla. Además, quienes recuerdan más sueños suelen despertarse más durante la noche y mostrar mayor reactividad cerebral a estímulos externos.
Entre biología y psicología
Olvidar los sueños no es un signo de enfermedad por sí mismo, pero sí puede dar pistas sobre la actividad psíquica o el estado emocional. Lo cierto es que los sueños, aunque se desvanezcan, constituyen un material precioso para conocernos mejor. Como afirma López de Gomara: “Son el oro secreto de nuestra vida psíquica”.
Fuente: Infobae.