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Ciencia

¿Por qué sentimos que todo tiempo pasado fue mejor? La psicología tiene una respuesta. Existe una canción que desperatará emociones de nostalgia.

Una película, una melodía o el recuerdo de una Navidad pueden hacernos desear volver atrás. La psicología ayuda a entender esa mezcla de bienestar y melancolía que despierta la infancia.
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Hay canciones que parecen cambiar el lugar en el que estamos. Suenan las primeras notas y, por un instante, dejamos de mirar la pantalla: aparece la casa donde crecimos, una tarde frente al televisor o una Navidad en la que todavía esperábamos que ocurriera algo extraordinario.

La escena dura apenas unos segundos, pero deja una sensación difícil de explicar. Sonreímos y, al mismo tiempo, sentimos un pequeño nudo en la garganta. Entonces llega una idea familiar: antes todo era mejor.

¿Por qué el pasado parece tener una calidez que el presente no siempre consigue? La respuesta reúne dos fenómenos relacionados, aunque diferentes: la tendencia a recordar ciertas experiencias de manera más favorable y la nostalgia por aquello que tuvo un significado especial en nuestra vida.

Por qué el pasado puede parecer más feliz de lo que fue

Comparar el ayer con el hoy tiene una dificultad: del presente vivimos también los detalles incómodos, mientras que del pasado recuperamos una selección de recuerdos.

La psicología ha estudiado este efecto bajo el concepto de retrospección rosada. Una investigación sobre la evaluación de experiencias, publicada en 1997, encontró que algunos acontecimientos se valoraban de manera más positiva después de haber terminado que mientras estaban ocurriendo. Las distracciones y decepciones del momento podían perder protagonismo al mirar atrás. Eso no demuestra que cualquier época anterior fuera mejor, sino que recordar una experiencia y vivirla no siempre producen la misma valoración.

Pensemos en unas vacaciones familiares. Años después, quizá recordamos la playa, las risas y las cenas compartidas. Las discusiones por el viaje o el aburrimiento de una tarde pueden ocupar mucho menos espacio en ese relato.

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© fotoak – shutterstock

Con la infancia, la comparación incorpora otra diferencia: nuestra posición en el mundo. Para quien creció en un entorno seguro, las vacaciones podían significar jugar mientras los adultos resolvían los gastos y la organización. Al recordar esa etapa, podemos estar añorando también aquella sensación de estar cuidados.

Esto no convierte a la infancia en una experiencia feliz para todos. Tampoco vuelve falsos los buenos recuerdos. Ayuda a comprender por qué una vivencia personal puede transformarse en una conclusión mucho más amplia: que el mundo entero era mejor.

La melancolía de extrañar a quienes éramos

La nostalgia puede centrarse en momentos de la infancia, relaciones cercanas o lugares importantes. Los investigadores de la Universidad de Southampton la describen como una emoción compleja: suele incluir recuerdos agradables, pero también una sensación de pérdida o de anhelo. Un sonido, un olor o un objeto pueden desencadenarla.

Ahí encuentra su lugar la melancolía. Recordar una mesa familiar puede dar alegría por lo vivido y tristeza por quienes ya no están. Volver a una película querida puede hacernos sonreír y, a la vez, recordarnos cuánto cambiamos desde la primera vez que la vimos.

A veces, decir «extraño aquella época» es una manera de decir «extraño cómo me sentía entonces». La casa, las personas y las costumbres forman parte de ese recuerdo, junto con una versión de nosotros que ya no podemos recuperar exactamente.

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© Cabeca de Marmore – shutterstock

Ese contraste permite entender que bienestar y tristeza aparezcan juntos. Podemos disfrutar de un recuerdo mientras reconocemos que pertenece a un momento irrepetible. La emoción no necesita resolverse de inmediato: podemos sentir ambas cosas mientras escuchamos una canción o miramos una escena.

Cómo una canción puede devolvernos a la infancia

La música tiene una capacidad especial para evocar recuerdos personales. Un estudio publicado en Emotion en 2010 encontró que el significado autobiográfico de una canción era el predictor más fuerte de la intensidad de la nostalgia que despertaba. Escuchar esas piezas podía asociarse tanto con alegría como con tristeza.

La música de la primera Mi pobre angelito ofrece un ejemplo cercano para quienes vieron la película durante su infancia. Al escucharla, pueden recordar mucho más que sus escenas: la televisión encendida, las vacaciones escolares o las personas con las que la compartieron. La asociación dependerá de la historia de cada espectador.

Una revisión publicada en Psychology of Music en 2022 recoge investigaciones que vinculan la nostalgia musical con una mayor conexión social, autoestima y sensación de continuidad entre el pasado y el presente. Sus efectos dependen también de la persona y del contexto; una canción no despierta el mismo sentimiento en todos.

Por eso una melodía puede hacernos sentir bien incluso cuando nos emociona hasta las lágrimas. Nos permite reconocer algo querido que todavía forma parte de nuestra historia. Quizá, al terminar de escucharla, sigamos sin querer regresar a todos los días de aquella época. Pero sí deseemos volver a compartir una tarde con quienes estaban allí.

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