Usando el Redmagic 8 Pro

Potencia para dar y tomar. En eso resume mi día a día con el Redmagic 8 Pro. Todas las tareas se ejecutan en un abrir y cerrar de ojos, los juegos vuelan y hasta las transferencias o instalaciones de archivos grandes son un proceso tan fluido que es disfrutable.
El móvil tiene un botón rojo tipo slider para activar el modo de juegos. Lo que hace en esencia es subir a tope la tasa de refresco de la pantalla, encender el ventilador y activar el menú interno de juegos, que ahora tiene hasta herramienta de notas con capturas de pantalla asociadas. Su sistema de gestión de periféricos permite hasta jugar con teclado y ratón en el móvil. Una app para Windows llamada Redmagic Studio permite hacer screencast de la pantalla en el PC vía wifi o cable.

Un dato curioso sobre el Redmagic 8 Pro es que incluye algo llamado Red Core 2, que es un procesador secundario de apoyo para tareas de gamimg. Redmagic no especifica mucho qué es lo que hace exactamente este chip. Mi deducción es que es algún tipo de MEMC que gestiona el refresco de pantalla y prioriza las señales simultáneas que llegan al buffer de memoria, pero es solo una suposición. La parte buena es que el móvil gestiona todo esto por sí mismo, y lo hace bien, así que el usuario no tiene que devanarse los sesos tocando la configuración.

Las operaciones más propias de un móvil convencional también son sólidas, con especial mención a las conexiones inalámbricas (hasta wifi 7) y la calidad de sonido en las llamadas cortesía de sus excelentes altavoces. La cámara es muy usable y cuenta con modos más allá de lo que es normal en otras apps de cámara, aunque muchos de ellos requieren de cierto trasteo para dar resultados de calidad. Hasta tiene detalles como una lupa para hacer zoom con detección de bordes en el modo macro que palía la falta de autoenfoque en esta cámara.