Lo que alguna vez fue símbolo de destrucción hoy late como refugio de vida. Dos equipos científicos, en Alemania y Estados Unidos, documentaron cómo restos bélicos —desde bombas V-1 hasta barcos hundidos— sirven como base para ecosistemas marinos y fluviales de gran diversidad. Aunque ofrecen un inesperado beneficio ambiental, la investigación también advierte sobre un riesgo latente: la contaminación química y explosiva que aún emanan estas reliquias de guerra.
Municiones convertidas en arrecifes en Alemania
En la bahía de Lübeck, los investigadores hallaron cabezas de bombas V-1 colonizadas por moluscos, algas y crustáceos. El contraste es notable: hasta 43.000 organismos por metro cuadrado sobre la superficie metálica frente a 8.200 en el sedimento adyacente. Estas estructuras funcionan como “rocas artificiales”, similares a corales, que permiten la adhesión y el desarrollo de comunidades densas.
El análisis detectó residuos de TNT y RDX en el agua cercana. Aunque su impacto varía según la especie, su presencia plantea un dilema: los restos ofrecen refugio, pero también liberan sustancias potencialmente dañinas.
¿Sabían que en Isla Larga (Puerto Cabello) hay dos barcos hundidos? El carguero alemán «Sesostris», y un el barco ganadero.
Es perfecto para hacer snorkel/buceo por la cantidad de vida marina y corales. Y es la única Isla del PN San Esteban que permite acceso a Turistas. pic.twitter.com/NQ5awqLNiA
— Alí 🍻 (@AliRecomienda) September 11, 2022
La flota fantasma de Mallows Bay
En Maryland, Estados Unidos, 147 barcos de la Primera Guerra Mundial permanecen sumergidos desde la década de 1920. Lejos de ser ruinas inertes, se cubrieron de vegetación acuática que sustenta peces y aves como el esturión atlántico y el águila pescadora. Los científicos emplearon drones para mapear la zona con gran precisión, generando datos útiles para arqueología, conservación y manejo ambiental. Estos pecios se transformaron en un santuario inesperado que hoy combina memoria histórica con riqueza biológica.
Entre biodiversidad y riesgos latentes
Ambos estudios coinciden: las estructuras bélicas sumergidas actúan como núcleos de biodiversidad en ambientes dominados por sedimentos blandos. Sin embargo, los residuos químicos y explosivos no desaparecen. Los especialistas sugieren pensar en alternativas seguras que conserven el beneficio ecológico sin cargar con el costo tóxico.
Si prestáis atención en Google Earth, podréis ver los restos de un barco en el arrecife que rodea Sentinel. Se trata del MV Primrose, varado en 1981.
La tripulación estuvo atrapada dentro una semana hasta que pudieron ser rescatados. pic.twitter.com/1o5P33YLlV— Azul Místico (@Azul_Mistico) May 4, 2020
Perspectiva local: barcos hundidos en Mar del Plata
El biólogo argentino Pablo Meretta, del Conicet, recuerda que cerca de Mar del Plata existen barcos hundidos intencional o accidentalmente. Algunos fueron convertidos en parques submarinos para promover la vida marina, confirmando que cualquier estructura sólida bajo el agua termina colonizada. “Lo que cambia es la escala y el riesgo asociado”, explica el investigador.
De reliquias bélicas a ecosistemas vivos
El hallazgo redefine la relación entre historia y naturaleza. Armas y barcos creados para destruir hoy sostienen vida, aunque el dilema ambiental sigue abierto. Convertir esa paradoja en oportunidad implica aprender de la resiliencia de los ecosistemas y gestionar con cuidado los riesgos que aún persisten bajo la superficie.
Fuente: Infobae.