La idea todavía es una hipótesis: crear “vida especular”, o sea células sintéticas hechas a partir de moléculas que son imágenes especulares de las que existen en la naturaleza. Pero las potenciales consecuencias son tan serias que los expertos de todo el mundo se reúnen para hablar de cómo prevenir lo que podría ser una situación muy grave.
Esta semana se lleva a cabo la convención de Ingeniería y Salvaguarda de la Vida Sintética 2025, en Manchester, Reino Unido, con científicos ingenieros, legisladores y otros actores de la vida pública. Se trata de una conferencia internacional anual que explora los riesgos, desafíos y oportunidades de investigar y desarrollar vida sintética. El tema de la vida en espejo surge como digno de discusión, ya que muchos científicos advierten que la creación de esas células podría presentar riesgos irreversibles y sin precedentes para la salud humana y el medio ambiente.
“Casi todos están de acuerdo en que las células espejo serían algo malo”, le dijo a Nature John Glass, biólogo de sintéticos en el Instituto J. Craig Venter. Al mismo tiempo, hay científicos que argumentan que la investigación de la vida especular ofrece beneficios potenciales que no deberíamos ignorar. La pregunta es esta: ¿Cómo deberían regular los expertos esa investigación para maximizar los beneficios y minimizar los riesgos?
¿Por qué estudiar la vida espejo?
Casi todas las moléculas biológicas que constituyen la vida sobre la Tierra, incluyendo todas las proteínas, el ADN y el ARN, apuntan hacia la izquierda o la derecha. Son moléculas quirales, que no se pueden yuxtaponer a su imagen espejo. Así como tu guante derecho solo va en tu mano derecha, las moléculas quirales solo pueden interactuar con otras moléculas de quiralidad compatible.
Las células espejo se formarían a partir de moléculas sintéticas con quiralidad opuesta a la que tienen en la naturaleza. Si el ADN es diestro, el ADN sintético o espejo sería zurdo, por ejemplo. La ciencia está todavía a décadas de sintetizar una célula espejo completa, pero en los últimos años ha logrado crear algunas biomoléculas espejo como las enzimas de quiralidad invertida que pueden replicar y transcribir ADN y ARN espejo.
Uno de los principales incentivos para la creación de células espejo es que podrían ayudar a la ciencia a descubrir cómo surgió la quiralidad en la naturaleza, pero además los bloques que conforman esas células también contienen promesa para el descubrimiento de drogas terapéuticas y la bioingeniería. Los investigadores creen que las enzimas y el sistema inmunológico del cuerpo no reconocerían fácilmente a las biomoléculas espejo, con lo que, si se usan para fabricar medicamentos, podrían permanecer más estables en el torrente sanguíneo. La FDA ya aprobó una de esas drogas para el tratamiento de la enfermedad renal crónica.
¿Y cuáles son los riesgos?
Pero estos avances iniciales preocupan a algunos científicos. Las mismas propiedades que hacen que esas biomoléculas sintéticas sean efectivas como terapia, probablemente permitirían que las células espejo se propagaran sin control por el cuerpo, o por la naturaleza.
Por lo tanto, las bacterias espejo, según advierten los expertos, podrían gradualmente dominar el medio ambiente gracias a la capacidad de evadir sistemas inmunológicos, medicinas, depredadores e infecciones virales. La ciencia solo puede presentar teorías sobre las consecuencias de la peor de las situaciones, pero hay evidencia sólida que sugiere que las bacterias espejo desestabilizarían de manera catastrófica el medio ambiente y presentarían riesgos significativos para la salud humana.
Hay quienes creen que estos riesgos son suficientes como para que se abandone la idea de crear vida en espejo. Otros argumentan que con restricciones y lineamientos bien pensados e implementados se podría progresar en investigación sin que eso signifique un riesgo para la vida tal como la conocemos. La cuestión es cómo avanzar, si es que avanzaremos, y eso muy probablemente dé lugar a un encendido debate en la conferencia de Manchester esta semana.