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Ciencia

Señales que podrían indicar que un niño atraviesa dificultades emocionales

Algunas señales discretas pueden revelar un profundo malestar emocional en los niños. Entender su comportamiento es clave para ayudarles a desarrollar una relación sana con sus emociones desde una edad temprana.
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En la infancia, las emociones no siempre se expresan con palabras. A menudo, los niños comunican su malestar a través del cuerpo y la conducta. Detectar esos indicios puede ser decisivo para su bienestar futuro. Padres, docentes y cuidadores tienen un rol esencial para ayudar a los pequeños a identificar, entender y gestionar lo que sienten. Psicólogos y expertos revelan una mirada profunda sobre las señales que no deben pasarse por alto.

Detrás de cada comportamiento hay un mensaje

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© Twin Design – shutterstock

Mariana Capurro, psicóloga especializada en salud infantil, destaca que los problemas emocionales más comunes en la niñez son la ansiedad, los miedos persistentes, la baja autoestima, la dificultad para manejar frustraciones y la desregulación del enojo. Aunque estos síntomas pueden parecer evidentes en algunos casos, en muchos otros pasan desapercibidos o son interpretados erróneamente como “mal comportamiento”.

Para Capurro, cuando un niño grita, se aísla, desobedece o agrede, podría estar expresando un malestar que no logra verbalizar. “Está diciendo con su cuerpo lo que aún no sabe expresar con su voz”, explica. En lugar de castigar la conducta, sugiere mirar más allá del síntoma y buscar qué hay detrás. “Educar también implica tener la sensibilidad de ver el dolor detrás del síntoma”, afirma la psicóloga.

Este enfoque propone una mirada empática y comprensiva, entendiendo que muchas veces, lo que se califica como mala conducta es en realidad una forma de pedir ayuda.

Validar las emociones desde el inicio

Silvia Álava Sordo, psicóloga educativa y autora del libro Inteligencia emocional en familia, hace hincapié en que todas las emociones, incluso las desagradables, cumplen una función. No se trata de evitarlas, sino de aprender a transitarlas con acompañamiento. Según la experta, los adultos deben estar presentes para ayudar a los niños a reconocer lo que sienten, brindándoles herramientas para gestionar las emociones intensas.

Álava advierte sobre los riesgos de una crianza sobreprotectora que busca esconder las emociones difíciles o evitar los conflictos. Esa estrategia, lejos de proteger, deja al niño sin recursos para afrontar desafíos futuros. En sus palabras: “No hay reglas exactas para educar, pero tapar lo que el menor siente no es el camino”.

Cómo ayudar desde casa: corregulación emocional

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© Stenko Vlad – shutterstock

Durante la infancia temprana, especialmente antes de los cuatro años, el cerebro aún no ha desarrollado por completo la capacidad de regular las emociones. Por eso, el acompañamiento de los adultos es crucial. Álava propone un modelo de corregulación, donde el adulto guía al niño para entender lo que siente, identificar la causa y encontrar una forma adecuada de expresarlo.

Por ejemplo: “Veo que te enojaste porque te pedí que guardaras los juguetes”, seguido de: “Entiendo que querías seguir jugando”. Finalmente, se puede ofrecer una estrategia: “¿Qué te parece si la próxima vez te aviso cinco minutos antes para que puedas despedirte del juego?”.

Este tipo de intervenciones fortalece el vínculo afectivo y fomenta la confianza, además de enseñar a los niños cómo gestionar sus emociones con palabras y no con reacciones impulsivas.

Señales que no deben ignorarse

Jesús Jarque, pedagogo y orientador educativo, destaca algunas señales de alerta que podrían indicar desequilibrios emocionales en un niño. Estas conductas, si se presentan de manera persistente, merecen atención profesional:

Irritabilidad o hipersensibilidad sin causa aparente.

Cambios notables en el comportamiento habitual.

Desinterés por actividades que antes disfrutaba.

Frases con contenido negativo hacia sí mismo.

Exceso de responsabilidad no acorde a su edad.

Aparición de miedos nuevos o infundados.

Estas manifestaciones pueden ser indicios de que el niño no está logrando regular lo que siente, lo cual es normal en cierto grado durante el desarrollo, pero que en exceso podría requerir una intervención psicológica.

Claves para fomentar la inteligencia emocional

Según Jarque, la autorregulación emocional es una habilidad que se desarrolla progresivamente desde la infancia y continúa fortaleciéndose durante la adolescencia y la adultez. Para ayudar a los niños a crecer emocionalmente sanos, sugiere implementar estrategias concretas tanto en casa como en la escuela:

Establecer un vínculo seguro: atender también las necesidades emocionales del niño, no solo las físicas.

Explicar lo que ocurre: ofrecer narrativas claras, sinceras y comprensibles ante situaciones que los impactan.

Practicar la espera: enseñar que las recompensas requieren de pasos previos y paciencia.

Tolerar la frustración: aceptar que no todo se logra fácilmente y que está bien equivocarse.

Fomentar la empatía: ayudarles a ponerse en el lugar del otro y entender sus emociones.

Desarrollar habilidades sociales: enseñar a pedir ayuda, a expresar necesidades y a resolver conflictos.

Transmitir valores y metas: mostrar con el ejemplo cómo vivir con sentido y propósito.

Ser modelos emocionales: los adultos deben mostrar cómo manejar adecuadamente sus propias emociones.

Una responsabilidad compartida

Cada niño es único, y no existe una guía infalible para su crianza. Sin embargo, una constante se repite entre los especialistas: la educación emocional debe ser una tarea conjunta entre la familia y la escuela.

Los adultos (padres, madres, docentes, cuidadores) son figuras clave para enseñar, contener y guiar. En la medida en que se reconozca el valor de las emociones y se les brinde espacio para ser comprendidas, los niños podrán crecer con herramientas internas para afrontar el mundo con mayor fortaleza, empatía y equilibrio.

Entender sus silencios, escuchar sus emociones y acompañarlos en su desarrollo emocional puede marcar la diferencia para toda la vida.

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