El gran problema de construir fuera de la Tierra
En la Tierra, soldar es un proceso relativamente sencillo. La gravedad mantiene el metal fundido en su sitio y la atmósfera ayuda a estabilizar la unión. En el espacio, ninguna de esas condiciones existe.
La microgravedad provoca que el metal líquido no fluya como esperamos, sino que forme esferas erráticas dominadas por la tensión superficial. A esto se suma que los gases quedan atrapados en el material, generando poros y debilitando la estructura final. Además, la ausencia de presión altera la química de las aleaciones: algunos componentes pueden evaporarse antes siquiera de fundirse.
Por si fuera poco, intentar soldar manualmente en el espacio supone un riesgo extremo para los astronautas. Una chispa mal dirigida o una gota de metal incandescente podría perforar un traje espacial. Por eso, hasta ahora, la solución ha sido simple y cara: desechar, volver a lanzar y reemplazar.
las piezas (foto arriba a la izquierda) aunque ahora es más preciso, en caso de necesitarlo hasta se pueden soldar tradicionalmente en el espacio lo cual es esencial porque la Starship está diseñada para poder llevar gente en su versión tripulada y si hay un problema, este se /8 pic.twitter.com/SndwCo7OJr
— Josema1503 (@Josema_1503) November 18, 2023
El giro hacia el reciclaje orbital
Esa estrategia empieza a chocar con una nueva realidad. La economía espacial ya no puede depender exclusivamente de lanzamientos desde la Tierra. Reparar, ensamblar y reciclar estructuras en órbita se ha convertido en una necesidad estratégica.
Aquí entra en juego el proyecto ISPARK (Intelligent SPace Arc-welding Robotic Kit), desarrollado por la Universidad de Leicester en colaboración con TWI Ltd. La propuesta no es reinventar la soldadura, sino cambiar quién la ejecuta: un robot autónomo diseñado específicamente para trabajar en el vacío.
Al eliminar al astronauta de la ecuación, se reducen drásticamente los riesgos humanos y se abre la puerta a operaciones de mantenimiento mucho más ambiciosas.
Robots, simulaciones y gemelos digitales
Antes de llegar al espacio real, ISPARK deberá superar múltiples pruebas en cámaras de vacío que simulan las condiciones orbitales. Allí se analizará si el arco eléctrico es estable y si los materiales conservan su integridad.

El proyecto se apoya además en un “gemelo digital”: una simulación informática que reproduce con precisión la física de la soldadura en microgravedad. Estos datos no solo entrenan al robot, sino que permiten comparar continuamente los resultados teóricos con los reales.
Las fases futuras contemplan pruebas en entornos orbitales reales, donde entran en juego factores adicionales como la radiación y los cambios térmicos extremos.
Mucho más que soldar metal
El proyecto ha recibido 560.000 libras del Programa Nacional de Innovación Espacial del Reino Unido, dentro de una inversión más amplia de 17 millones destinada a tecnologías clave. El objetivo final es claro: dejar de depender de otras potencias y sentar las bases de una infraestructura espacial sostenible.
Porque dominar el espacio ya no consiste solo en llegar más lejos, sino en saber construir, reparar y reutilizar… incluso cuando soldar se convierte en una auténtica pesadilla física.
Fuente: Xataka.