Se actualizó este artículo el viernes 11 de julio a las 9.00 a.m. (hora del este de EE.UU.), para incluir nueva información.
Tras defender su tesis de doctorado sobre modelos de objetos interestelares el lunes 30 de junio, Matthew Hopkins pensaba tomarse un merecido tiempo de descanso. Pero parece que el universo tenía otros planes para él.
Al día siguiente el telescopio del sistema ATLAS (Atlas Terrestrial-impact Last Alert System, en inglés) ubicado en Río Hurtado, Chile, detectó un misterioso objeto que se dirigía velozmente hacia el sol. Las primeras observaciones sugerían que provenía desde afuera de nuestro sistema solar, lo que potencialmente constituía el tercer descubrimiento de un objeto interestelar en la historia. Los astrónomos de todo el planeta – incluyendo a Hopkins – entraron en acción, tratando de obtener todos los datos posibles sobre esta roca espacial viajera. Para el jueves 3 de julio el Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional confirmó que el objeto interestelar de hecho viajaba por nuestro vecindario cósmico, y lo llamó 3I/ATLAS. Ahora, Hopkins y sus colegas han determinado que podría ser el cometa más antiguo que se haya descubierto y que proviene de una región de la galaxia llena de estrellas mucho más antiguas que nuestro sol, que tiene 4,6 mil millones de años.
“¡Fue algo increíble!”, le dijo Hopkins a Gizmodo en un email. Hopkins estudió astrofísica en la Universidad de Oxford. “Me desperté con mensajes como ‘3I!!!!!! y pasé todo el día comparando mis modelos con los datos que se iban recogiendo en tiempo real. Durante todo mi doctorado estuve esperando esta oportunidad, y por supuesto iba a zambullirme en ella”.
Por las observaciones preliminares los astrónomos han podido saber muchas cosas sobre 3I//ATLAS, el objeto interestelar más grande y brillante hasta ahora, según Space.com. Los expertos están casi seguros de que se trata de un cometa que pasa por nuestro sistema solar a velocidades increíblemente altas. Al descubrirlo, el objeto viajaba a 221.000 kilómetros por hora, y aumentará su velocidad al acercarse al sol. El 3I/ATLAS parece ser mucho más grande que los dos objetos interestelares que lo precedieron: ‘Oumuamua y el Cometa 2I/Borisov. Los cálculos iniciales de su tamaño sugieren que podría medir unos 10 a 30 kilómetros de ancho. No hay motivo para preocuparnos porque esta roca espacial no va a impactar contra nuestro planeta, y el 30 de octubre será el momento en que pase más cerca de la Tierra.
La espectroscopía inicial sugiere que 3I/ATLAS es más rojo que los típicos cometas del sistema solar, parecido a algunos objetos transneptunianos – planetas menores que orbitan en torno al sol más allá de la órbita de Neptuno – o que los cuerpos celestes helados y pequeños llamados Centauros, que están entre Júpiter y Neptuno. Otro estudio hizo observaciones fotométricas del objeto que hallaron que es similar en color a algunos cometas del sistema solar, pero marcadamente más azulado que ‘Oumuamua y 2I/Borisov.
En conjunto, estos hallazgos iniciales pintan una imagen vívida de este huésped tan reciente de nuestro sistema solar, pero entender de dónde viene este cometa es tan importante como conocer su aspecto. Los objetos interestelares como este son “remanentes prístinos, primordiales del proceso de formación de planetas en otros sistemas planetarios”, escribió para The Conversation Darryl Seligman, que enseña física y astronomía en la Universidad de Michigan. Si los astrónomos llegan a identificar el origen de 3I/ATLAS, podrán extrapolar información sobre la formación de planetas en ese sistema estelar.
Trabajo en equipo
Con ese fin, Hopkins y sus colegas analizaron a 3I/ATLAS usando el modelo Otautahi-Oxford, que integra datos del observatorio Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), con modelos de la química de disco protoplanetario y la dinámica galáctica para predecir la distribución de las velocidades, edades y composiciones de la población de objetos interestelares en nuestro vecindario cósmico. Hopkins y varios de los coautores aportaron datos para el desarrollo del modelo Otautahi-Oxford.
Lo que hallaron está disponible en el servidor pre-publicación arXiv, esperando ser revisado por expertos. Indican que 3I/ATLAS puede ser increíblemente antiguo, con más de 7 mil millones de años, lo que sería unos 2 mil millones de años más que la edad de nuestro sistema solar. Basándose en su trayectoria parece que el antiguo cometa se originó en una parte del disco galáctico de la Vía Láctea, que es el componente en forma de disco en nuestra galaxia, que contiene estrellas, gas y polvo y rota en movimiento coplanar circular en torno al centro de la galaxia. El estudio de Hopkins indica que es probable que 3I/ATLAS venga de la parte gruesa del disco que contiene alrededor del 10% de la masa estelar de la vía Láctea. Esas estrellas en general son mucho más antiguas que las ubicadas en el disco delgado de la galaxia.
El estudio dice que “al estudiar su química y dinámica podremos entender mejor los procesos de formación y evolución de planetesimales en el disco de la Vía Láctea, y cómo responden estos objetos al potencial de la Vía Láctea”. Los planetesimales son diminutos cuerpos celestes, como los asteroides y cometas, que sirven a la formación de los planetas.
“3I/ATLAS probablemente provenga de una vieja estrella del disco grueso y pensamos que tal vez haya estado por allí desde mucho antes que nuestro sistema solar”, le dijo a ILFScience Chris Lintott, que enseña astrofísica en Oxford. “Hay dos chances de tres de que tenga más de 7 mil millones de años, y eso explicaría el color”. Si se confirma, sería el primer objeto interestelar en visitarnos desde esa población galáctica en particular.
Para poner a prueba su hipótesis los investigadores seguirán a 3I/ATLAS en su trayectoria hacia el sol. Las estrellas más antiguas suelen producir objetos interestelares ricos en agua, explicó Lintott. Si este cometa viene del disco grueso debería producir mucha actividad cometaria, algo que sucede cuando el hielo de la superficie se calienta y transiciona directamente del estado sólido al estado gaseoso.
Este año el nuevo Observatorio Vera Rubin ubicado en Chile dará inicio a su Monitoreo Legado del Espacio y el Tiempo (LSST). Es un estudio astronómico de 10 años del cielo del hemisferio sur, y se espera que se encuentren muchos más objetos interestelares, según dijo Hopkins. Antes del 3I/ATLAS, él y sus colegas predijeron que el LSST encontraría entre cinco y 50 “pero el descubrimiento de un tercer objeto incluso antes del inicio de este estudio refuerza nuestras predicciones y nos llena de optimismo”, añadió.