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Surrealismo, escatología y humor cartoon: Los Chanantes regresan con Rafaela y su loco mundo

Tres cómicos de 50 años interpretando a adolescentes, una manguera como recurso narrativo y una estética de dibujos animados en imagen real. Rafaela y su loco mundo no busca gustar a todo el mundo, pero recupera algo que parecía perdido: el placer de reírse sin pedir perdón.
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Antes de que el humor español se volviera autoconsciente, elegante o directamente solemne, existió un territorio donde el disparate era ley. Un espacio donde el absurdo no se justificaba y la lógica era opcional. Rafaela y su loco mundo nace exactamente ahí, como una anomalía en el catálogo actual de series, y quizá por eso mismo resulta tan refrescante.

El universo chanante vuelve a mutar

Este domingo 15 de febrero, Atresplayer estrena Rafaela y su loco mundo, una comedia creada por Aníbal Gómez que recupera sin complejos el ADN del humor chanante y lo mezcla con fantasía adolescente, estética cartoon y una narrativa que parece avanzar a base de impulsos creativos.

La serie adapta la novela El alucinante mundo de Rafaela Mozzarella, escrita por el propio Gómez, y sigue las aventuras de Rafaela, una adolescente interpretada por Ingrid García-Jonsson, que vive rodeada de personajes imposibles y situaciones que desafían cualquier atisbo de realismo.

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©
atresplayer – Youtube.

Cincuentones disfrazados de adolescentes (y orgullosos)

Uno de los grandes golpes de efecto de la serie es su trío protagonista secundario: Corpus, Debo y Chelo, amigas de Rafaela interpretadas por Aníbal Gómez, Joaquín Reyes y Carlos Areces. Tres hombres de más de 50 años encarnando a chicas adolescentes sin ironía ni explicación, como si fuera lo más natural del mundo.

Lejos de esconder el artificio, la serie lo convierte en su principal motor cómico. “Había un vacío en la ficción española”, bromean Reyes y Areces, “y alguien tenía que llenarlo”.

Una serie que parece un dibujo animado

La dirección corre a cargo de Ernesto Sevilla, que apuesta por una puesta en escena excesiva: colores saturados, angulares agresivos, ritmo frenético y una estética que recuerda a Ren y Stimpy o Vaca y Pollo, pero trasladada a imagen real.

El resultado es una ficción que cambia constantemente de formato: animación, programas de televisión dentro de la propia serie, números musicales y rupturas narrativas conviven sin jerarquía. Si el espectador se cansa de una trama, la serie ya está ofreciendo otra cosa.

Escatología, surrealismo y un límite claro

Uno de los momentos más comentados de la temporada incluye una manguera introducida por el recto de una anciana como solución narrativa. Para Gómez, el límite nunca fue el mal gusto, sino la comprensión: “Mientras la historia se entendiera, todo estaba permitido”.

En un contexto audiovisual cada vez más pulido y contenido, Rafaela y su loco mundo reivindica el humor como acto de libertad creativa. No busca consenso, busca carcajadas. Y en ese gesto, profundamente chanante, encuentra su mayor virtud.

Fuente: SensaCine.

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