Ni en los picos más ocultos del Himalaya, ni escondida en antiguas ciudades bíblicas enterradas bajo las arenas del desierto. La fuente de la eterna juventud podría estar en nuestro propio hipotálamo, una diminuta región del cerebro crucial, no sólo para la producción de hormonas, sino para regular nuestra conducta reproductora o la temperatura corporal…