Para mí, nacer antes de la Game Boy y de los smartphones significó competir con otros estudiantes en el duro arte de fabricar aviones de papel. Y, sí, yo era el que siempre hacía un avión de cuatro pliegues que no llegaba muy lejos y se descuajeringaba en mitad del vuelo. Ojalá hubiera tenido algo…
El papel entra por un extremo, varios rodillos lo doblan al pasar y llega al otro extremo del cañón listo para ser disparado. Todo de forma automática y en unos segundos. Si este no es el invento casero más ingenioso en la historia de la papiroflexia, está muy cerca. Su creador es un alemán que…