En 2006, la NASA lanzó sobre la Antártida una sonda destinada a medir la radiación cósmica que cae sobre nuestro planeta. La sonda pronto comenzó a detectar estas partículas, pero había algo muy raro en un porcentaje de ellas: procedían de abajo, del hielo de la Antártida. El descubrimiento primero dejó completamente fuera de juego…
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