Las hormigas llevan millones de años trabajando bajo nuestros pies sin llamar demasiado la atención de la ciencia climática. Mientras bosques, océanos y emisiones industriales dominaban las investigaciones sobre el carbono del planeta, estos insectos aparecían apenas como un detalle secundario dentro de los ecosistemas. Eso podría estar cambiando.
Porque un nuevo estudio internacional acaba de sugerir algo bastante sorprendente: las hormigas podrían desempeñar un papel mucho más importante de lo esperado en el almacenamiento y liberación de carbono terrestre. Y estamos hablando de cantidades gigantescas.
La Tierra podría albergar unos 20 cuatrillones de hormigas

El dato resulta difícil incluso de imaginar. Los científicos estiman que existen alrededor de 20 cuatrillones de hormigas repartidas por prácticamente todos los ecosistemas terrestres del planeta. Su biomasa total equivale aproximadamente a una quinta parte de toda la masa corporal humana.
No son pocas. Y cada una de esas colonias modifica constantemente el suelo mientras construye túneles, transporta materia orgánica y reorganiza nutrientes.
El estudio, liderado por investigadores de la Northwest A&F University junto a científicos de Alemania y Suecia, analizó 2.232 mediciones procedentes de 136 investigaciones realizadas en desiertos, bosques, humedales, praderas y tierras agrícolas. El objetivo era entender hasta qué punto las hormigas alteran realmente el ciclo del carbono bajo tierra. Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.
Los hormigueros almacenan más carbono, pero también liberan mucho más CO₂
El análisis encontró que los suelos con actividad de hormigas contenían, de media, un 22% más de carbono orgánico que los terrenos cercanos sin hormigueros. Eso ocurre porque las hormigas transportan continuamente hojas, semillas, insectos muertos y restos vegetales hacia sus nidos. Toda esa materia termina concentrándose bajo tierra y enriqueciendo químicamente el suelo. En cierto modo, funcionan como pequeños ingenieros ecológicos que redistribuyen nutrientes sin descanso.
Pero el fenómeno tiene otra cara. Los mismos hormigueros también emitían un 84% más de dióxido de carbono. Parte de esas emisiones procede directamente de la respiración de las propias hormigas. Otra parte surge de microorganismos que descomponen la enorme cantidad de materia orgánica acumulada dentro de los nidos. Y ahí aparece una de las grandes preguntas del estudio.
Los científicos todavía no saben si las hormigas ayudan o perjudican al balance climático global
La cuestión sigue abierta. Por un lado, las colonias aumentan el carbono almacenado en el suelo. Por otro, aceleran simultáneamente la liberación de CO₂ hacia la atmósfera. Determinar cuál de los dos procesos domina a escala planetaria todavía resulta extremadamente difícil.
Pero el trabajo deja algo claro: ignorar el papel de las hormigas en los modelos climáticos ya no parece razonable. Especialmente porque el impacto varía enormemente según el ecosistema.
Los desiertos fueron donde apareció el efecto más extremo
Uno de los hallazgos más llamativos surgió en regiones áridas. En los desiertos, los hormigueros aumentaban hasta un 74% el carbono orgánico presente en el suelo, muchísimo más que en bosques o praderas.
La explicación tiene sentido ecológico. En paisajes extremadamente pobres en nutrientes, cualquier acumulación de semillas, restos vegetales o insectos muertos crea auténticos microoasis fértiles alrededor de los nidos.
En cambio, en bosques ricos en materia orgánica, el efecto pasa mucho más desapercibido porque el suelo ya contiene enormes cantidades naturales de carbono. Eso convierte a las hormigas en actores especialmente importantes para regiones vulnerables a la desertificación, donde pequeños cambios en la fertilidad del suelo pueden tener consecuencias enormes.
Incluso el tipo de hormiga y la forma del hormiguero cambian el resultado

El estudio también descubrió que no todas las hormigas afectan igual al suelo. Algunos géneros como Formica, Pheidole o Pogonomyrmex mostraban una capacidad mucho mayor para alterar tanto el almacenamiento de carbono como las emisiones de CO₂.
La dieta influye muchísimo. Las especies recolectoras de semillas o las que mantienen relaciones simbióticas con pulgones transportan enormes cantidades de materia vegetal rica en azúcares. Otras especies depredadoras incorporan restos animales ricos en nitrógeno. Incluso la arquitectura del hormiguero modifica el impacto.
Los nidos construidos con restos vegetales sobre la superficie almacenaban más carbono que aquellos formados principalmente por tierra excavada desde el subsuelo. Sí, hasta el diseño del hormiguero cambia la química planetaria.
El calentamiento global podría hacer que las hormigas influyan todavía más en el clima
El trabajo también advierte sobre otro fenómeno importante. Con el aumento global de temperaturas, muchas especies de hormigas están expandiéndose hacia regiones donde antes eran menos abundantes. Algunas colonias empiezan a colonizar zonas frías, humedales o regiones agrícolas nuevas. Eso significa que su influencia sobre el carbono del suelo podría aumentar durante las próximas décadas. Y ahí aparece una idea fascinante (y algo incómoda) que la ecología lleva años redescubriendo.
Los grandes procesos planetarios no siempre dependen únicamente de organismos gigantescos como bosques o animales enormes. A veces también están sostenidos por millones de criaturas diminutas trabajando silenciosamente bajo tierra. Las hormigas quizá sean uno de los ejemplos más extremos de eso.