Cada edificio nuevo que se levanta ahí tiene, desde el primer ladrillo, una réplica virtual funcionando en paralelo. Más de 20.000 sensores viales alimentan un cerebro urbano que ajusta los semáforos con inteligencia artificial en tiempo real. Todo eso ya funciona. Lo único que todavía falta en esta ciudad diseñada desde cero es, paradójicamente, la gente
No robaba contraseñas, no borraba archivos, no pedía rescate. Solo aparecía en la pantalla de teletipo con una frase burlona, imprimía algo a medias y saltaba al siguiente equipo de la red antes de que nadie pudiera atraparlo. Ese gesto casi inofensivo, pensado como un experimento académico, terminó siendo el primer antecedente de todo el software malicioso que existe hoy
“La diferencia entre un texto con marca de agua y otro que no la tenga no será distinguible para el lector”, dijo Anthropic.
Bitcoin se ha llenado de empresas, fondos y grandes compradores, hasta el punto de que una sola compañía posee alrededor del 4% del máximo de 21 millones de BTC. La paradoja es que esa enorme riqueza no funciona como acciones con derecho a voto: comprar Bitcoin permite controlar esas monedas, no decidir unilateralmente qué es Bitcoin.
Durante décadas, generadores alimentados con estroncio-90 mantuvieron funcionando faros y balizas en algunos de los lugares más inaccesibles del planeta. Eran autónomos, resistentes y podían operar durante años. El problema llegó cuando desapareció el Estado encargado de vigilarlos.
Durante cuatro años, un comerciante de Utah logró algo que la propia Apple no había podido hacer: venderle al público la computadora Lisa, el fracaso comercial más caro de la historia de la compañía. Cuando todavía le quedaban miles por vender, Apple se las reclamó de golpe, sin dar explicaciones, y las mandó directo a un basurero para que nadie las volviera a ver