Saltar al contenido
Tecnología

El espacio llevaba décadas militarizado, pero EEUU acaba de cruzar una línea que nunca había reconocido: ya tiene armas en órbita

Estados Unidos acaba de reconocer que ya tiene “armas de control espacial” en órbita. No está solo: 13 países desarrollan tecnologías capaces de interferir, perseguir o directamente destruir satélites.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Durante décadas hubo satélites militares sobre nuestras cabezas. Observaban movimientos enemigos, guiaban armas, proporcionaban comunicaciones y permitían determinar una posición con una precisión extraordinaria. En ese sentido, el espacio lleva muchísimo tiempo militarizado.

Lo que acaba de ocurrir es diferente.

El pasado 14 de septiembre, el secretario de la Fuerza Aérea estadounidense, Troy Meink, pronunció una frase extraordinariamente calculada durante la conferencia Air, Space & Cyber: la Fuerza Espacial ya dispone de “armas de control espacial en órbita” capaces de defender a las fuerzas estadounidenses frente a acciones hostiles.

Cuando le pidieron detalles, no quiso explicar qué eran ni cómo funcionaban. Según Air & Space Forces Magazine, se trata de la confirmación más explícita realizada hasta ahora por el Pentágono de que Estados Unidos opera capacidades ofensivas en el espacio. Y el problema es que Estados Unidos está bastante lejos de ser el único interesado.

Hay 13 países aprendiendo distintas formas de dejar ciego a un satélite

El espacio llevaba décadas militarizado, pero EEUU acaba de cruzar una línea que nunca había reconocido: ya tiene armas en órbita
© Shutterstock / 3Dsculptor.

La Secure World Foundation lleva nueve años intentando reconstruir esa carrera únicamente mediante información pública. Su informe de 2026 identifica 13 países que investigan, desarrollan o despliegan capacidades “counterspace”: Estados Unidos, Rusia, China, India, Australia, Francia, Alemania, Irán, Israel, Japón, Corea del Norte, Corea del Sur y Reino Unido.

Las tecnologías se dividen en cinco grandes familias. La más directa consiste sencillamente en disparar un misil desde la Tierra contra un satélite. Estados Unidos, Rusia, China e India ya han realizado ensayos antisatélite que generaron conjuntamente 6.904 fragmentos de basura espacial catalogados. A comienzos de 2026, 2.773 todavía seguían orbitando la Tierra.

Luego están los sistemas mucho más discretos. Un satélite puede acercarse a otro, observarlo y maniobrar a pocos kilómetros o incluso acoplarse. China demostró hasta dónde puede llegar esa tecnología en 2022, cuando su Shijian-21 se aproximó a un satélite BeiDou inutilizado, se acopló a él y lo remolcó hasta una órbita cementerio situada por encima de la franja geoestacionaria. Fue una operación legítima de retirada de basura espacial, pero ilustra perfectamente el dilema: una nave capaz de agarrar y mover un satélite propio también posee capacidades físicamente compatibles con interferir sobre otro.

A eso se suman láseres capaces de deslumbrar sensores, sistemas de guerra electrónica para bloquear o falsificar señales y ataques informáticos dirigidos contra la infraestructura espacial. Y aquí hay un dato fundamental: según Secure World Foundation, las armas cinéticas antisatélite todavía no se están utilizando en conflictos reales, pero las capacidades no destructivas sí. El combate espacial, en cierta medida, ya comenzó sin necesidad de hacer explotar nada.

El tratado espacial tiene casi 60 años y nunca prohibió todas las armas

El espacio llevaba décadas militarizado, pero EEUU acaba de cruzar una línea que nunca había reconocido: ya tiene armas en órbita
© Shutterstock / gremlin.

La paradoja está en una de las normas fundacionales de la exploración espacial. El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe colocar en órbita armas nucleares u otras armas de destrucción masiva. También prohíbe bases militares, maniobras y ensayos de armas en la Luna y otros cuerpos celestes. Pero no dice expresamente que un país no pueda colocar un arma convencional en órbita terrestre.

No es un pequeño detalle jurídico. Significa que un satélite diseñado para interferir señales, utilizar energía dirigida o inutilizar físicamente otra nave no entra automáticamente en la prohibición más clara del tratado. Y distinguir un arma de una herramienta puede ser sorprendentemente complicado. Una nave capaz de acercarse a otro satélite puede repararlo. Puede inspeccionarlo. Puede retirarlo cuando deja de funcionar. O puede atacarlo.

Esa ambigüedad explica también el auge que el informe detecta en los llamados “satélites guardaespaldas”, pequeñas naves ágiles concebidas para acompañar, vigilar o proteger otros activos espaciales. Francia, Alemania, Japón y otros países exploran sistemas de este tipo.

Estados Unidos, mientras tanto, está desarrollando dentro de Golden Dome una constelación de interceptores instalados en órbita baja para atacar misiles durante distintas fases de su vuelo. Entre finales de 2025 y comienzos de 2026, la Fuerza Espacial adjudicó 20 acuerdos a 12 compañías por un valor potencial conjunto de hasta 3.200 millones de dólares.

El espacio, por tanto, no se está convirtiendo de repente en un campo militar. Eso ocurrió hace décadas. Lo nuevo es mucho más incómodo: las grandes potencias están empezando a reconocer abiertamente que ya no solo quieren utilizar el espacio para observar una guerra en la Tierra. También quieren estar preparadas para pelear allí arriba.

Compartir esta historia

Artículos relacionados