La ciencia no tiene pruebas de que ChatGPT, Claude o cualquier otro modelo actual sienta o experimente el mundo. Pero investigadores de conciencia e inteligencia artificial advierten de algo más incómodo: tampoco conocemos ninguna barrera técnica evidente que impida construir una máquina que algún día sí pueda hacerlo.
Fórmula 1, fútbol, NFL o básquet dependen cada vez más de la nube, la inteligencia artificial y el análisis de datos. Las grandes tecnológicas ya no se limitan a colocar su logo en una camiseta: sus sistemas ayudan a analizar carreras, medir jugadores y transformar la experiencia de los aficionados.
Cada edificio nuevo que se levanta ahí tiene, desde el primer ladrillo, una réplica virtual funcionando en paralelo. Más de 20.000 sensores viales alimentan un cerebro urbano que ajusta los semáforos con inteligencia artificial en tiempo real. Todo eso ya funciona. Lo único que todavía falta en esta ciudad diseñada desde cero es, paradójicamente, la gente
No robaba contraseñas, no borraba archivos, no pedía rescate. Solo aparecía en la pantalla de teletipo con una frase burlona, imprimía algo a medias y saltaba al siguiente equipo de la red antes de que nadie pudiera atraparlo. Ese gesto casi inofensivo, pensado como un experimento académico, terminó siendo el primer antecedente de todo el software malicioso que existe hoy
“La diferencia entre un texto con marca de agua y otro que no la tenga no será distinguible para el lector”, dijo Anthropic.
Bitcoin se ha llenado de empresas, fondos y grandes compradores, hasta el punto de que una sola compañía posee alrededor del 4% del máximo de 21 millones de BTC. La paradoja es que esa enorme riqueza no funciona como acciones con derecho a voto: comprar Bitcoin permite controlar esas monedas, no decidir unilateralmente qué es Bitcoin.