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Ciencia

Tirar hormigón triturado al mar suena absurdo, pero en Canarias quieren probarlo para capturar más CO₂

Un experimento en Gran Canaria utilizará residuos de hormigón molido para aumentar la alcalinidad del agua y comprobar si el océano puede absorber más dióxido de carbono sin dañar el ecosistema.
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A simple vista, arrojar escombros de hormigón al mar parece exactamente lo contrario de una solución ambiental. Sin embargo, un grupo de investigadores quiere comprobar si determinados residuos de este material pueden convertirse en una herramienta para aumentar la capacidad del océano de retirar dióxido de carbono de la atmósfera.

La idea se probará en Gran Canaria, dentro de grandes cilindros experimentales instalados en el mar. Allí, los científicos estudiarán qué ocurre cuando se añade hormigón triturado al agua y si el aumento de su alcalinidad permite almacenar más CO₂ de forma estable.

No se trata de verter residuos al océano sin control, sino de analizar en condiciones vigiladas si uno de los desechos más abundantes de la construcción podría tener una segunda vida inesperada.

El océano absorbe CO₂, pero esa capacidad tiene un límite

Los océanos ya funcionan como uno de los principales sumideros naturales de carbono del planeta.

Parte del CO₂ presente en la atmósfera termina disuelto en el agua marina, donde participa en diferentes reacciones químicas. El problema es que este proceso también contribuye a la acidificación de los océanos.

Una estrategia conocida como aumento de la alcalinidad oceánica busca modificar ese equilibrio químico para que el agua pueda capturar una mayor cantidad de dióxido de carbono. Ahí entra en juego el hormigón.

La industria mundial genera enormes cantidades de materiales alcalinos, y algunos estudios estiman que aprovechar determinados residuos industriales podría permitir almacenar miles de millones de toneladas de CO₂ cada año hacia finales de siglo.

Tirar hormigón triturado al mar suena absurdo, pero en Canarias quieren probarlo para capturar más CO₂
© Magnific

El experimento se realizará en grandes cilindros de agua

Para comprobarlo, los investigadores utilizarán mesocosmos, grandes estructuras cilíndricas que aíslan volúmenes de agua marina manteniendo condiciones similares a las del entorno natural.

En algunos de ellos introducirán cantidades progresivamente mayores de hormigón molido.

Otros recibirán hidróxido de sodio, una sustancia utilizada como referencia para comparar el efecto de una fuente de alcalinidad más pura. Durante el experimento se medirán parámetros como el pH del agua, la absorción de CO₂ y la respuesta del fitoplancton.

Esto último será especialmente importante, ya que estos microorganismos forman una parte fundamental de la cadena alimentaria marina y participan activamente en el ciclo global del carbono.

Canarias ya fue escenario de un experimento parecido

El ensayo no parte completamente de cero.

En 2021 se realizó en Taliarte, también en Gran Canaria, otro experimento con mesocosmos para estudiar cómo respondían los ecosistemas marinos a un incremento artificial de la alcalinidad. En aquella ocasión se utilizaron sales de carbonato disueltas.

Los resultados fueron prometedores: la mayoría de los parámetros biogeoquímicos estudiados no mostraron cambios significativos, incluso cuando aumentó considerablemente la alcalinidad.

Además, investigaciones posteriores indicaron que el fitoplancton no mostró señales claras de estrés fisiológico.

El gran problema aparece cuando los minerales vuelven a precipitar

Sin embargo, el experimento también reveló una limitación importante.

En el mesocosmo con mayor alcalinidad, parte del carbono almacenado comenzó a perderse después de unas dos semanas. En aproximadamente un mes, la reducción llegó a rondar el 10 %.

La causa estaría relacionada con la precipitación de minerales, un proceso químico en el que algunos compuestos vuelven a formar partículas sólidas. Estas partículas pueden reducir la alcalinidad conseguida y liberar parte del CO₂ que se pretendía almacenar.

El hormigón podría presentar precisamente este problema, porque contiene compuestos alcalinos relacionados con la cal.

Convertir residuos en una herramienta climática

El nuevo experimento pretende determinar hasta qué punto esos efectos pueden controlarse y si el hormigón triturado puede funcionar como fuente práctica de alcalinidad. Si los resultados son positivos, la técnica tendría una ventaja importante: aprovecharía un residuo producido masivamente por la industria de la construcción.

Aun así, convertir el método en una herramienta climática a gran escala requeriría demostrar que el carbono queda almacenado durante largos periodos y que el procedimiento no provoca impactos significativos sobre los ecosistemas marinos.

Por ahora, Canarias servirá como laboratorio natural para responder una pregunta bastante poco intuitiva: si parte de los escombros que genera la construcción podrían terminar ayudando al océano a retirar más CO₂ de la atmósfera.

 

 

Fuente: Xataka.

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